El espejo del Desván (cuento de terror)
Cuando Sara heredó la casa de su abuela, encontró en el desván un espejo antiguo cubierto por una sábana. Una nota amarillenta decía: "No lo mires después de medianoche".
Sara sonrió ante la advertencia. Era psicóloga, no creía en supersticiones.
La primera noche, curiosa, se quedó despierta. A las 12:01, subió al desván con una linterna. Retiró la sábana y se miró en el espejo.
Su reflejo la saludó.
Ella no había movido la mano.
El reflejo sonrió, pero Sara sentía su propia cara inmóvil, congelada por el terror. Los labios del reflejo se movieron: "Al fin alguien me mira. Llevo treinta años aquí dentro".
Sara dejó caer la linterna y corrió escaleras abajo. Cubrió el espejo de nuevo, con manos temblorosas.
Pero esa noche, en el espejo de su baño, en el del pasillo, en cualquier superficie reflectante, veía a veces... un destello. Una figura que no debería estar ahí. Su propio rostro, mirándola desde el otro lado, golpeando el cristal.
La cuarta noche, Sara despertó y todos los espejos de la casa estaban descubiertos. No recordaba haberlo hecho.
En cada uno, su reflejo la observaba con expresión hambrienta. Todas las versiones de ella misma, esperando.
Dicen que Sara vendió la casa una semana después. Pero hay noches en que, cuando te miras al espejo justo antes de dormir, puedes ver un segundo de más en tu reflejo. Un parpadeo de retraso.
Como si la persona del otro lado estuviera considerando... no devolverte la mirada.
Espero que os guste :D



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