A cuatro paredes de una bala.
Hoy han venido a visitarme tres personas. La de la derecha no muestra ninguna expresión en la cara, y no habla. Parece que no tiene boca. Con el pelo largo y rubio eléctrico, y ojos azules como el mar. Solo se sienta y mira. La del medio está llorando, simplemente se niega a hablar del tema. No tiene hambre, corto pelo castaño. No me gusta su ropa, es muy oscura, va entera de negro. La tercera pasa un poco del tema, como si no fuese con él la cosa, da personalidad desagradable.
La guerra nos ha cambiado, me ha cambiado. No paran de llegar personas, personas de negro, estos entristecen ¿Por qué entristecen? ¿Por qué lloran?. No tiene sentido, ya he vuelto. Me enviaron a una misión hace tres años y ahora estoy aquí. Me cuesta trabajo entenderlo. Creo que faltan mis hijos, normal, se pasan todos los sábados en casa de su abuela, pero ella está aquí, conmigo, no lloréis, no me he ido, estoy aquí. Creo que no me oyen, les hago señales y pasan de mi. Empiezo a pensar que nada de esto va con migo. Bueno, supongo que hoy, 4 de Septiembre de 1975, no me queda otra que seguir aquí tumbado, en esta caja estrecha y lujosa, descansando...



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