Una aventura histórica
Como todos los fines de semanas, Daniel y su pandilla de amigos, quedaron para emprender grandes aventuras. La semana pasada, todos concluyeron en hacer algo distinto a los demás días, pero a nadie se le ocurría ninguna idea de lo que hacer. Entonces, Daniel propuso:
-¿Por qué no vamos a visitar unas ruinas romanas? Sería divertido.
-Me parece bien –respondió Juanjo-. Además, así aprenderemos muchas cosas sobre aquella época.
-Tenéis razón -afirmó Nuria-. Así nos damos un paseo.
-Abraham, Alejandro, ¿os apuntáis?
-¡Claro! –Dijeron los dos a la vez-.
Cuando llegó el sábado, se reunieron todos en casa de Daniel, cogieron sus bicis y pusieron rumbo a la famosa “Itálica”.

-¿Falta mucho para llegar? –preguntó Abraham asfixiado-.Estoy agotado y tengo mucha sed.
-Llevamos dos horas pedaleando –dijo Alejandro-. Creo que deberíamos…
-¡Dejad de quejaros! Parecéis niños pequeños –le interrumpió Juanjo-.
-¡Mirad!–gritó Nuria-. ¡Ya veo las ruinas!
En el momento que llegaron, un guía les fue diciendo las normas y, seguidamente, les fue llevando a distintas partes de las ruinas. Al cabo de diez minutos, Daniel y sus amigos se empezaban a aburrir, así que se separaron del grupo a hurtadillas y continuaron por su propia cuenta.
-Prohibido el paso, ¿sabéis lo que significa no? -dijo Daniel-.
Sus amigos se quedaron mirándole durante un tiempo desconcertados.
-Creo que es lógico; quiere decir que no podemos pasar –respondió Abraham-.
-Y, ¿por qué crees que no quieren que pasemos?
-Porque es zona restringida –dijo Juanjo-.
-¿Acaso no sabéis qué hora es?
-¿Las 12:30?–respondió raramente Alejandro-.
-¡Es hora de aventuras!–dijo Dani en voz alta mientras saltaba la valla-.
-A veces me asombras de lo idiota que puedes llegar a ser, pero a la vez, de lo intrépido y aventurero que eres –le dijo Nuria sonriente-. ¡Vamos chicos!
Dicho esto, saltaron la valla y se pusieron en marcha. A sus alrededores no habían nada más que ruinas y rocas caídas, por lo que empezaron a bajar los ánimos de todos. Pero no tardaron mucho en encontrar algo interesante.
-Por aquí no hay nada especial que digamos… -murmuraba Alejandro-.
-¡Solo hay ruinas!–dijo Juanjo decepcionado.
-Sigamos buscando, tiene que haber algo valioso –dijo Daniel dándoles ánimos-.
Nuria andaba un poco apartada de los demás buscando cosas interesantes sin encontrar nada. Sin embargo, a lo lejos, divisó algo que le llamo mucho la atención.
-¡Chicos! ¡He encontrado algo!-gritó Nuria-.
Rápidamente, todos fueron al lugar donde se encontraba su amiga.
-¡¿Qué pasa Nuria?! Qué has…
Dani dejó la frase a medias porque, como los otros, se quedaron atontados, mirando encima de un montón de deshechos a algo un tanto singular.
-Eso es… un…
-Atril –dijo Nuria terminando la frase de Abraham-.
Se dirigieron a unos escasos pasos del atril, mirándolo e inspeccionándolo, con ansias de encontrar algo muy importante.
-En el soporte no hay ningún pergamino o algo parecido–dijo Juanjo-.
-No hay nada en especial. Además, está medio destrozado –concluyó Alejandro-.
Casi se iban a marchar cuando a Daniel, le llegó un reflejo de luz de una rejilla proveniente de los restos que estaban alrededor del atril.
-Esperad, aquí abajo hay algo –dijo-. Ayudadme a levantar esta roca.
Todos se pusieron en torno a la gran roca y, con mucho esfuerzo, consiguieron levantarla.
-¡Es un pergamino!-exclamó Nuria alucinada-.
-Está medio roto pero… es histórico, y parece que está escrito en latín –dijo Juanjo, también impresionado-.
-Y muy antiguo. Tenemos que salir de aquí enseguida, antes de que nos pillen –dijo Dani-.

Rápidamente, y con el pergamino escondido, volvieron por donde habían venido, saltaron la valla de nuevo y llegaron hasta la salida de las ruinas. A unos cincuenta metros antes de llegar a la puerta, iban hablando con ilusión sobre lo que harían con el pergamino.
-¿Lo venderemos? Nos podrían dar muchísimo dinero por él –proponía Abraham-.
-¡¿Estás loco o qué?! Nos lo quedaremos, y con ayuda de internet, lo traduciremos –le contradecía Juanjo.
-¡Sí, lo traduciremos! Y después podríamos…
-¡SALID CON LAS MANOS EN ALTO!–se oyó una grave voz de adulto, desde la salida-.
De repente, aparecieron como quince policías rodeando a los chicos. Éstos, obedecieron, pusieron las manos a la cabeza y salieron lentamente del recinto de las ruinas.
-¡Entregad ahora mismo lo que habéis encontrado, y zanjaremos este asunto!- dijo un poli que, al parecer, era un sargento.
-¡Pero lo hemos encontrado nosotros y tenemos derecho a llevárnoslo!-dijo Dani valientemente, dejando atónitos a sus amigos y, a su vez, por la estupidez que acababa de decir-.
-¡Venís a visitar las ruinas, os separáis del grupo, entráis en zona prohibida y encima os lleváis una pieza histórica en vuestras manos!-gritó furiosamente el sargento mientras iba acercándose a Daniel-. ¡Dame el pergamino!
Dani lo sacó de la mochila y se lo dio al sargento muy lentamente.
-Lo sentimos mucho agente, de verdad; no sabíamos que estábamos infringiendo la ley, además, somos niños, no volverá a ocurrir se lo prometo –dijo Nuria muy segura.
-Está bien –dijo el sargento más relajado-. ¡Y que no se vuelva a repetir! Este pergamino lo llevaremos al museo histórico, donde lo traducirán y lo guardarán en un lugar muy seguro.
Dicho esto, el sargento y los polis, se fueron. Seguidamente, los chicos cogieron sus bicis y volvieron a la ciudad después de otras dos horas pedaleando.
-Bueno… a pesar de todo, lo hemos pasado bien, ¿no?-dijo Juanjo riéndose-.
-Lo único que sé, es que para la próxima vez que planeéis visitar unas ruinas… ¡Que ni se os ocurra llamarme!-dijo Alejandro haciendo reír a todos con carcajadas.
-La verdad es que me hubiera gustado saber lo que decía el pergamino que encontramos, debía ser muy emocionante-dijo Abraham interesado-.
-A todos nos hubiera gustado saber lo que decía, pero bueno, ha sido muy guay lo que hemos hecho hoy, y nos lo hemos pasado genial juntos.-dijo Nuria animada-.
-Sí, nos lo hemos pasado muy bien, eso es lo que importa –afirmó Dani-.Se va haciendo tarde, y mi madre se va a enfadar mucho si no llego a casa ahora mismo, ¡nos vemos el próximo fin de semana!
-¡Adiós!–dijeron todos a la vez-.
Al deshacer la mochila en su casa, Dani observó que había un fragmento de papel muy antiguo y casi destrozado en su interior.
- ¡Es una parte del pergamino! -se dijo a sí mismo, mientras la sacaba muy a prisa para ver lo que ponía.
-“Verba volant, scripta manet”- leyó despacio. Tengo que traducirlo.
Rápidamente, fue al ordenador y puso en el traductor aquella frase escrita en latín.
-Las palabras vuelan, lo escrito permanece. ¿Qué sentido tiene?-se preguntó-.
Y tras varias horas reflexionando sobre el significado que daba a saber aquellas palabras, entendió que…
“Si la escritura no existiera, seríamos escoria. Las palabras se citan pero se las lleva la ventisca; pero lo escrito permanece, y eso, es historia.”



Comentarios
partyflipa - hace más de 11 años
¡¡HORA DE AVENTURAAAAAAAAAAAAAAAASSS!! ajajajaja Me ha encantado ese detalle y también la frase del pergamino. ¡Muy chulo! Además, veo que es tu primer artículo. ¡Menuda forma de estrenarse! Por cierto, ¡¡hola!!
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