Días de Sal y Fuego: Séptimo capítulo
📘 Capítulo 7: Mentiras blancas
El día después del beso fue raro. De esos días donde el mundo sigue girando igual… pero tú sientes que todo está al revés.
Desayunamos en silencio. Mi madre hablaba de ir al mercadillo del pueblo. Leo comentaba sobre una cata de vinos. Y Elías… Elías no me miraba.
Ni una sola vez.
Y eso dolía más que cualquier grito.
—¿Todo bien, cariño? —me preguntó mamá mientras mordía una tostada.
—Sí —mentí, forzando una sonrisa.
Mentira blanca.
De esas que no duelen a nadie… excepto a una misma.
Después de comer, me encerré en mi habitación. No sabía si había sido un error. Si el beso fue solo un impulso. Si él se arrepentía.
Y cuando estaba a punto de volverme loca, alguien tocó la puerta.
Era él.
—¿Podemos hablar? —preguntó en voz baja, como si alguien pudiera escucharnos.
Asentí, dejándolo entrar. Casi ni podía mirarlo.
—Siento lo de esta mañana —dijo, metiendo las manos en los bolsillos—. No sabía cómo actuar. No sé cómo actuar contigo.
—¿Te arrepientes?
Él me miró directo.
—No. Me asusta… pero no me arrepiento.
Me acerqué un poco, pero no lo suficiente. Aún había una barrera entre nosotros. Invisible. Peligrosa.
—¿Y ahora qué? —pregunté.
—Ahora —dijo, con un suspiro—. Fingimos.
—¿Fingir qué?
—Que nada está pasando. Que no hay nada. Que solo somos los hijos de dos personas casadas. Aunque no lo seamos.
Y ahí, otra mentira blanca nació.
Porque dijimos que fingiríamos…
Pero esa misma noche, él volvió a besarme en el pasillo oscuro cuando todos dormían.
Y mientras me apoyaba contra la pared, con el corazón latiéndome en los labios, entendí algo:
Las mentiras blancas son las más pe
ligrosas… porque se parecen demasiado a la verdad.



Comentarios