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¿Son cuestionables los derechos del colectivo infantil?

A pesar del riesgo de poder parecer que, con tanta pregunta, en vez de un documento sobre derechos del colectivo infantil, estoy queriendo someter al tercer grado a cualquiera que lo lea, me veo en la obligación de hacerla-hacérnosla porque seguro que a más de uno le ha venido un padre, madre o personas del mundo educativo con la queja-escepticismo sobre "¿Por qué tantos derechos y tan pocos deberes para los niños y las niñas?"

Sin ser tan taxativos, muchos de nosotros también podemos tener confusiones sobre qué son los derechos, si van unidos a los deberes…, no olvidemos como hemos señalado al principio, que la Convención es muy reciente y que todos estamos construyendo un discurso y una acción a base de practicar, probar, ver... La intención en este apartado es poner en común con vosotros y vosotras esa relación tan difícil entre disfrutar de derechos y asumir res-ponsabilidades. Siendo sincera, he intentado construir un argumento basándome en lo que sé y de lo que intuyo. Espero esto sirva como punto y seguido para quien lo esté leyendo.

En la actualidad nos encontramos con que hay personas adultas con reticencias sobre los derechos de la infancia porque creen que las personas menores de 18 años son muy inflexibles a la hora de exigir sus derechos y a la vez muy poco responsables para comprometerse con sus deberes. Parece que hablan de privilegios, "del niño, intocable" cuando se refieren a los derechos: “es que se saben muy bien sus derechos y se olvidan de sus deberes”. “Tienen muchos derechos y pocos deberes”. “Estamos hartos de tanto derecho por aquí, derecho por allí". "Parece que viven envueltos en una burbuja donde sólo hay que darles pero no pedirles”. Son algunos de los argumentos que se esgrimen a la hora de cuestionar los derechos de la infancia.

Ahora, cuando se hablar de deberes o responsabilidades, ¿a qué deberes nos estamos refiriendo? En este documento partimos de la base de que una niña o un joven tiene la corresponsabilidad de cuidar por su propio bienestar, el de sus iguales y el de otras personas de su entorno, lo que se traduce en cuidar de sus derechos en la parte que les toca y respetar los derechos de los demás. en definitiva derechos y responsabilidades están íntimamente concatenados , no pueden existir los unos sin los otros.

Por ejemplo, el derecho a la salud depende en gran medida de la prevención, si una niña desde bien pequeña aprende a tener buenos hábitos alimenticios, a cuidar sus dientes, a hacer ejercicio, a abrigarse, a dormir lo suficiente.., tendrá más probabilidades de ser responsable en la parte que le toca. tener acceso a una alimentación adecuada, una casa con las condiciones higiénicas necesarias o un centro de salud cerca, es responsabilidad de los organismos públicos y de la familia. Si no cumplen la niña y las personas adultas sus responsabilidades a la vez, ésta no disfrutará de un buen estado de salud.

Seguramente las personas que dicen que los niños y las niñas tienen "muchos derechos y pocos deberes" enumerarían las mismas responsabilidades de la niña, lo que pasa es que parten de otra base: no ven la relación entre derechos y responsabilidades y creen que los niños menos todavía. Intuyo que piensan que si a los niños se les habla tanto de derechos se cae en el peligro de que se ciñan sólo a lo saben que no les pueden hacer los adultos "no me grites, no me toques, no mires mis cosas, no me digas lo que me tengo que poner, no me puedes obligar a ir a patinaje...", usándolo además como "arma arrojadiza" para cuestionar la autoridad de las personas adultas. Desde esta pers-pectiva, parece que los derechos pueden servir a la juventud y la infancia como justificación para hacer sólo lo que "desean", huyendo de las responsabilidades que les cuesta asumir.

El aprender a ser autónomos y vivir en sociedad depende de cómo se afiancen los derechos en la cabeza y el corazón y de muuuuuchos más factores que influyen en la vida infantil, especialmente el estilo educativo imperante en la actualidad (que oscila entre el permisivo y el sobreprotector) y el modelo social en que vivimos (donde la individualidad, la necesidad de lo inmediato y la falta de asunción de la frustración, etc, están bastante de moda).

Para tener argumentos con los que explicar la incuestionabilidad de los derechos de la infancia, os propongo desmontar los razonamientos usados en su contra y aclarar posibles dudas sobre los mismos, a partir de las siguientes premisas:

Chico moreno con móvil

Poniendo los puntos sobre las íes

  • Los derechos de la infancia son incuestionables , forman parte tanto del Derecho internacional y estatal.
  • El cumplimiento de los derechos de la infancia dependen de la corresponsabilidad de todos incluidos los niños, niñas, y jóvenes : la perspectiva de la que partimos desde aquí, es que cuando se habla de responsabilidades de la infancia es en relación a sus derechos y al del resto.
  • Las personas menores de 18 años no tienen ni muchos, ni pocos derechos sino los que deben ser, incluso nos podríamos plantear si deberían tener más. Si nos quedásemos con la idea de cantidad volveríamos a la antigua acepción de la infancia: su bienestar dependería de la decisión aleatoria de los adultos, “les darían poco o mucho” cuando ya hemos quedado en que no son objeto de protección, sino sujetos de derechos.
  • No existe jerarquía entre los diferentes tipos de derechos , son de igual necesidad para una vida digna. No se pueden suprimir ni violar algunos derechos con el fin de promover otros. Los derechos civiles, políticos, sociales, culturales y económicos, se entienden como parte de un todo indivisible donde la puesta en práctica de un tipo de derechos no puede amenazar el respeto de los otros.
  • No todos los derechos dependen de la corresponsabilidad infantil: como el derecho a la vida, a tener una vivienda, a una familia, a no participar en las guerras, a que se le escuche...
  • Los derechos de la infancia no socavan la autoridad de la familias, tutores, profesorado ... ni del resto de los adultos. es más, la Convención de lo que habla es de apoyar a las familias en el ejercicio de sus responsabilidades y de su papel en la educación de sus hijos e hijas.
  • Preservar y educar en derechos no tiene nada que ver con que sus opiniones sean siempre tenidas en cuenta o que "puedan hacer lo que quieran" . No es lo mismo escuchar, tener en cuenta sus opiniones y que dependiendo del asunto, éstas sean vinculantes, con que siempre se haga lo que solo ellos opinen o con dejarles hacer lo que consi-deren oportuno. educar en derechos es enseñar a saber expresar opiniones y a asumir las decisiones a las que se lleguen. es algo tan básico como que, desde edades muy tempranas, se entienda que no siempre lo que deseas es lo que se puede hacer.
  • ¿Qué significa saber muy bien los derechos? Cuando algunas personas adultas dicen que las niñas y los niños “se saben muy bien sus derechos” nos deberíamos cuestionar qué es realmente conocer bien sus derechos. ¿enumerarlos? ¿Hablar solo de cuestiones básicas como la salud, la comida? ¿hablar de lo que no deben hacerles los adultos? ¿Hablar sólo de lo que les ocurren a “los otros”, a los que viven en países en desarrollo? Saber la tabla de multiplicar no significa saber realmente saber multiplicar, igual que nombrar el derecho a la educación no significa saber realmente traducir en la vida cotidiana todo lo que encierra ese concepto.
  • "La suerte" de la infancia en Occidente . Muchas veces en esta parte del mundo, al dirigirnos a los niños y a las niñas para hablar sobre sus derechos, les decimos que “tienen mucha suerte” cayendo primero en una generalización absurda ya que la vida de cada uno es muy particular y los derechos en españa no se cumplen tanto como se puede creer. Por otra parte, volvemos a lo mismo del primer punto, no es una suerte tener derechos, es una obligación de todos preservarlos en cualquier parte del mundo. también hay que señalar que esa supuesta "suerte" conlleva unir las consecuencias de los actos a los derechos cuando en realidad van unidas a otras cuestiones. Por ejemplo, si una niña malgasta hojas limpias en un colegio y se le dice "tienes mucha suerte porque hay niños que no tienen papel para escribir y tú encima lo malgastas" lo más que conseguimos es un sentimiento de culpa y no les estamos educando en aprender su responsabilidad con el medioambiente.
  • El Estado del bienestar como un "Estado con derechos asegurados" . Aunque se pueda debatir sobre cómo está el estado del bienestar, sí creo importante señalar que en las sociedades occidentales, ciertos derechos como la educación, la alimentación, la salud… pueden ser asumidos por las personas menores de 18 años como algo natural e implícito a su vida y que no se cuestionen que puedan llegar a faltar. Intuyo que igual por eso, a las niñas y a los niños les cuesta sentir lo importante que es, por ejemplo, poder ir a la escuela. La perciben más como una obligación que como un deseo, como una oportunidad de cubrir su necesidad vital de aprender, a diferencia de por ejemplo, de las niñas de algunos países, que por el hecho de ser niñas no pueden ir a la escuela y sin embargo desean ir.
  • Las personas adultas a veces queremos hacer responsables a los niños y niñas de cuestiones que ni siquiera nosotros como mayores de edad hemos terminado de asumir. El ser responsables en nuestra convivencia democrática es un aprendizaje que, se dice, todavía en españa estamos haciendo, y que conlleva tiempo y práctica. esto no significa que no se les pida a las niñas y jóvenes responsabilidades pero si que seamos coherentes sabiendo que tenemos que acompañarles en su aprendizaje.

Unido a este punto vamos a terminar este apartado tirando una pregunta al tendido: ¿a qué aspectos de la vida infantil nos referimos cuando hablamos de deberes? ¿hablamos también de su participación responsable en la comunidad de la que forman parte?

Las personas menores de 18 años son ciudadanas y ciudadanos del presente y como todos los miembros de una sociedad tienen obligaciones para cumplir, al igual que libertades para exigir en casa, en la escuela, en el barrio, en la ciudad o en el pueblo... todas las personas a cada instante de nuestra vida tenemos oportunidad de ejercitar nuestros deberes y hacer valer nuestros derechos. Y es que el respeto de los derechos entre las personas tiene una de sus expresiones en las normas de convivencia. Al reconocer que la persona menor de 18 años es un sujeto social de derechos, es una ciudadana o ciudadano del presente, se reconoce su derecho a participar, a opinar, decidir y actuar en la comunidad y con ello, todo lo que de responsabilidad conlleva el tener incidencia lo que se haga sobre ellos mismos y los demás. Como a participar se aprende participando, se debe incluir en el proceso de aprendizaje de las niñas, los niños y jóvenes de tal forma que vayan progresivamente asumiendo responsabilidades desde su socialización primaria en la familia hasta asumir responsabilidades sociales en la comunidad.

De hecho se funciona así, se van dando responsabilidades a los niños y a las niñas en su entorno más inmediato, en su casa, en la escuela, las tienen para con sus amistades sin que nadie se las digan... otra cosa es que se llegue a cauces reales de participación en la sociedad y se les tenga en cuenta como ciudadanos y ciudadanas del presente. No es tan real reconocer sus derechos de expresión, políticos o de participación pero si no se les da la oportunidad de participar, se les está negando la responsabilidad de ejercer su ciudadanía. Ser responsable en la sociedad es también un derecho.

 

COMO CONCLUSIÓN decir que todas las personas adultas debemos intentar tener el estilo educativo autorizador o de apoyo, donde reconozcamos la autoridad, el conocimiento que tienen los niños y niñas sobre su vida, sobre sus intereses y necesidades. Donde les demos normas claras y adecuadas a la edad, usando el diálogo y la negociación y estimulando la autonomía, para que así las niñas y los niños desde edades tempranas vayan aprendiendo a tomar decisiones, socializarse e ir adquiriendo responsabilidades. Las reglas, los límites y las consecuencias ayudan a los niños a predecir su medio ambiente y, cuando lo hacen, aumenta su confianza. De esta manera iremos sembrando la seguridad en sí mismos, su autonomía y su responsabilidad. De esta forma, si les damos tiempo y práctica, irán interiorizando el verdadero concepto de derecho.

 

Foto: Atlas Green

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