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La voz de los libros

SKY. Capítulo 13

Publicado por nayeli el 01/09/2014 · Categorías: Libros

Liam tenía razón. Eso es lo único que puedo pensar en estos momentos, al filo de la muerte. Cierro los ojos para intentar controlar mi respiración, para intentar no caer en la desesperación.

Un estruendo me hace despertar de la nube de confusión en la que me encuentro, haciendo que me de cuenta de la realidad.

Se oye un gran alboroto en el salón y sé a qué se debe. El somnífero les ha hecho efecto, pero ¿por qué Matt no sufre las mismas consecuencias? Un escalofrío me recorre.

Él ni se inmuta, sigue apuntándome con el arma, y parece no tener intención de apartarla. ¿Por qué aún no dispara? Tal vez quiera torturarme con sus palabras antes de acabar conmigo, tal y como Liam me dijo.

Intento ignorar los múltiples ruidos procedentes del salón. Se oyen gritos. A algunos aún no les habrá hecho efecto y se sentirán aterrorizados ante el peligro que pronto se cernirá sobre ellos. Es curioso, podrían mantener la calma e intentar encontrar una solución a su problema, pero prefieren chillar y llorar por algo que resulta casi irremediable para ellos.

De repente, los ruidos cesan, y comprendo que todos están bajo los efectos del somnífero.

Miro a Matt, e intento pensar en el tiempo que falta para que él también se derrumbe ante mí. Pero no ocurre, y la desesperación poco a poco se apodera de mí.

—Pequeña, ¿crees que soy tan ingenuo como para caer en la trampa? —Parece reírse de mí con sus palabras—. No he tocado el postre, porque sabía que ese maldito traidor me mataría. Acabaría con mis planes. Puedo verlo en sus ojos, el amor es más fuerte que su sed de venganza. Pero no, ahora no puede hacer nada. Acabaré contigo antes de que él pueda salvarte.

No sé que decir, sólo siento cómo mi corazón amenaza con salirse de mi pecho y millones de pensamientos atraviesan mi mente tan veloces que no soy capaz de aclararme.

Parece que él no vaya a decir nada más, porque sabrá que Liam me lo contó todo. Lo acaba de llamar traidor. Al menos no tendré que soportar el efecto que sus palabras provocarían en mí al recordar lo que he estado negando los últimos días: la verdad.

Cierro los ojos y respiro hondo. No me estoy rindiendo, estoy afrontando la muerte que me acecha tras la venganza y el odio de una persona en la que puse toda mi confianza.

El ritmo de mi corazón es cada vez más lento y creo que poco a poco estoy consiguiendo controlar la situación.

Pero no, siento lágrimas golpear mis párpados y mi corazón vuelve a acelerarse de nuevo.

No siento ganas de llorar porque estoy palpando la muerte, no, eso apenas me aterroriza. Sólo siento temor por lo que pueda ocurrir después. Si todo acaba aquí, ¿qué será de mis hijas? Juré no dejarlas solas jamás, prometí que serían felices, que daría todo lo que fuera por ellas. Pero ahora que estoy cara a cara con el arma que acabará conmigo ¿que harán ellas? ¿Llorarán por su difunta madre que intentó darlo todo por sus hijas? ¿O tal vez lloren por una madre que siempre desearon y nunca lograron tener? Si yo muero, a no ser que alguien se ocupe de ellas, morirán.

Niego con la cabeza una vez más y la culpabilidad se apodera de mí. Prometí no fallarles. Tal vez no les pueda dar todo lo que desean, pero al menos intento entregarles todo el cariño de una madre que las quiere, una madre que las abandonó y volvió con el arrepentimiento tatuado a fuego en su piel, y que juró que daría lo que fuera por sus hijas. Si todo acaba ahora, significa también el final para ellas. Espero que al menos mueran con el recuerdo de una madre que siempre las quiso y que daría todo por sus vidas.

Retiro la lágrima que ha comenzado a descender por mi mejilla y noto que mis manos están temblando.

Oigo la estridente risa de Matt y la furia sustituye al dolor.

Abro los ojos bruscamente y le miro, llena de una mezcla de furia y tortura.

—Tenía razón cuando dijo que el dolor y la envidia te consumieron... —espeto, con rabia.

Su sonrisa se esfuma. Son sólo unos segundos, pero puedo atisbar el efecto que mis palabras han causado sobre él; le han golpeado con fuerza y sabe que lo que digo es verdad, sólo unos segundos para ver en una sola mirada todo el dolor de los años que ha vivido, es como si en sus ojos estuviera reflejada la historia que poco a poco le ha ido transformando hasta convertirlo en lo que es ahora. Son segundos en los que me apiado de él. Pero enseguida se esfuman, y su rostro muestra sed de venganza de nuevo.

La tensión llena el aire y puedo ver sus intenciones.

—Lo siento, pequeña —Coloca sus dedos sobre el gatillo—. La caza ha terminado.

Sonríe y yo siento terror de que ese sea mi último recuerdo.

Cierro los ojos e intento mantener la calma. Imagino a mis hijas, sonrientes, muy felices, y me aferro a esa imagen. No pienso abrir los ojos, quiero quedarme con ese recuerdo y olvidar todo lo demás.

La espera se me hace eterna, aunque todos esos pensamientos han surgido en mi mente apenas un segundo después de las palabras de Matt.

Siento un movimiento detrás mío. El aire fresco me azota la espalda y respiro, llenando mis pulmones de vida. Aún así, mis ojos permanecen cerrados.

La puerta golpea la pared con un sonido seco, pero no me sobresalto.

Han pasado dos segundos y la espera se me hace demasiado larga. No quiero seguir pensando, no quiero seguir torturándome.

Alguien me agarra por la cintura y me aparta a un lado.

Dos disparos rasgan el aire, pero su sonido se fusiona y parece convertirse en uno solo, pero mucho más fuerte.

Tres segundos. Ya han disparado. ¿Por qué no siento nada? El dolor de la bala contra mi corazón debería haberme desgarrado por dentro, dejando mi inerte cuerpo yacer en el suelo.

Cuatro segundos. Más bien debería hacerme otra pregunta ¿Por qué continúo sintiendo?

Abro los ojos repentinamente. La imagen de mis hijas se esfuma y la cruda realidad me golpea.

Un mar de sangre baña el suelo. Un cuerpo yace boca abajo. A pesar de no ver su rostro, sé perfectamente quién es.

Antes de que pueda gritar, antes de que pueda reaccionar o siquiera preguntar qué está ocurriendo, alguien me agarra por el brazo y me saca de la habitación.

Nos detenemos en el pasillo un momento y puedo observar al que acaba de matar a Matt.

—Liam... —Su nombre se escapa de mis labios, impregnado con alivio al saber que es él y con algo de horror al ver el desgarre en su brazo.

Acerco los dedos a su herida y me doy cuenta de que sólo le ha rozado. Aún así, puedo ver el gesto de dolor que refleja su rostro.

Él siente que estoy asustada por todo lo que acaba de ocurrir y sabe que necesito preguntar por todo esto, pero me lo impide.

Posa su dedo índice sobre mis labios y después se acerca más a mí.

Acaricia con sus labios los míos y me abraza con fuerza, ignorando el dolor de su herida.

Me aferro a él porque no quiero soltarle, me siento a salvo entre sus brazos.

Mi corazón parece haber despertado y palpita rápido, pero esta vez por otro tipo de razones, ya no estoy asustada, ahora sólo siento el amor correr por mi cuerpo, llenando cada parte de mí de calma y seguridad, curando heridas en mi alma, haciendo olvidar los malos recuerdos.

Me siento viva, fuerte, y noto que puedo luchar contra lo que me atormenta, porque él me infunde el valor para hacerlo, pero sobre todo siento que puedo amar de nuevo.

Sonrío y le abrazo nuevamente, dejando que su olor me llene los pulmones de felicidad.

Después, me toma del brazo y salimos por la puerta de la gran mansión.

Afuera es de noche y el frío me hace estremecer.

Él coge mi mano y me mira con ternura. Yo le devuelvo la mirada; sonriente, comprendiendo lo que me quiere decir.

No sé a dónde vamos a ir, ni qué vamos a hacer para escapar de todo lo ocurrido. Sólo sé que estoy con él y me siento muy feliz. Sonrío al pensar que mis hijas también lo serán.

De todo se sale, sí, abandonaremos el pasado, haremos que el dolor se esfume de nuestro cuerpo y todo lo malo quedará en un simple recuerdo encerrado bajo llave. Así que, por una noche, soñemos que nada ha ocurrido, no pensemos en el mañana, disfrutemos y seamos felices a pesar de no tener apenas nada, porque al menos nos tenemos los unos a los otros.

Unimos nuestras manos con fuerza, tal y como lo están nuestros corazones.

Y huimos, en mitad de la oscuridad de la noche, donde el cielo es el único testigo de nuestros actos.

 

FIN


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