SKY. Capítulo 2
Empujo la puerta de cristal y me dirijo con paso ligero hacia el analizador del estado físico. Atravieso el marco metálico y un escáner examina cada parte de mi esbelto cuerpo. A mi lado hay unos hombres sentados frente a un ordenador. Ahí pueden ver si poseo alguna enfermedad, lesión... incluso saben mi estado de ánimo. Me retiro y me dirigen una mirada inquisitiva.
Sé la razón.
Uno de los dos robustos hombres se levanta y desaparece. El otro me pide que permanezca aquí.
Al rato aparece el jefe, detrás de él está uno de los hombres del ordenador.
—Veo que tienes una herida en la pierna— dice con seriedad.
Trago saliva. Los penetrantes ojos del jefe se clavan en mí. Me mira de arriba abajo con gesto enfadado y vuelve a apuñalarme con la mirada.
—Y parece ser de un disparo— afirma casi paladeando cada palabra—. Ya conoces las normas —Me observa por encima de sus gafas—. Nada de salidas que pongan en peligro tu estado físico. No queremos que te descubran. ¿Tan difícil es cumplir eso?
—Yo... —tartamudeo, buscando una excusa.
—No hace falta que me lo expliques. Tengo una misión para ti —Muestra una sonrisa de satisfacción—. Demuéstrame que puedo confiar en ti. Si no realizas esta misión adecuadamente, ya te puedes despedir de tu puesto de trabajo.
Siento un nudo en la garganta. Asiento.
—Muy bien, así me gusta. Ven a mi despacho.
Le sigo. Entramos por una puerta de cristales tintados. Estamos en la única sala insonorizada.
—Bien... —murmura.
Arroja unos papeles sobre la mesa. Los recojo e inspecciono. En la primera página hay una foto que me llama la atención. Es de un joven, veintiocho años según indican los datos personales. Es castaño, tiene una barba perfectamente afeitada y ojos marrones. No sonríe. Su mirada muestra seriedad, aunque parece que los años no han pasado en vano para él. Me intimida bastante.
Se llama Sir. Leeroy. Observo una vez más la foto, tiene pinta de ser inmensamente rico.
El jefe parece leerme la mente.
—Es Sir.Leeroy, el hombre más rico de la ciudad. Tu misión es averiguar qué esconde. Varios le han visto robando, aunque después han perdido su pista. Te harás pasar por su sirvienta, yo te he conseguido el contrato —Levanta la vista y la clava en mí, severo—. Mañana empiezas. A las seis te espero aquí. Sé puntual, no me gustaría darte un disgusto antes de empezar.




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