TALLAS (capitulo 2, parte 2)
LUNES 21
El desayuno consistía en una tostada con aceite y un vaso de leche caliente. Había estado en ayunas desde el sábado por la noche, y mi tripa rugía ante el aroma que desprendía el desayuno.
Tenía mucho hambre, no podía negarlo, pero no iba a caer en la tentación de comer, no ahora.
-Mi amor, las tostadas no engordan, además es necesario alimentarse bien- me dijo mi madre, quien estaba sentada a mi lado, desayunando también.
-Es que no tengo apetito mamá.- pronuncié antes de tomar un trago de mi vaso con leche.
-¿Pero eso desde cuando?- preguntó preocupada.
-Desde ayer a la noche, antes de que volvierais, Carlos, Alex y tú.- mentí, pero no iba a contarle que estaba sin comer desde el sábado por la noche.
-Bueno, pues si no te apetece dejalo cariño
-Gracias mamá.- dije levantandome de la mesa.
-Ten cuidado no despiertes a tu hermano pequeño- me dijo antes de que me fuera para el salón.
-No es mi hermano.- dije con desden, y salí de la cocina
Mis padres estaban separados desde que yo tenia 5 años, era la hija pequeña fruto de un matrimonio de 15 años, mi hermano mayor siempre estaba cuidando de mi y velando por mi seguridad, le quería muchísimo y el me quería mucho a mi también. Todo iba bien hasta que llegó el juicio donde me separaron de mi padre y de mi hermano mayor, dejándome a cargo de mi madre. Los años siguientes fueron buenos, ella estaba muy unida a mi y era el centro de toda su atención, demostrándome siempre que me quería. Un día aquello que yo conocía desapareció, mi madre encontró a alguien que la quería y con quien más tarde acabó casándose y teniendo otro hijo, un niño llamado Alex. Desde entonces todo cambio, mi madre solo tenía atención para su nueva familia y me dejó de lado.
Recogí mi mochila morada que estaba encima de mi cama y salí de casa rumbo al instituto. Todavía estaba oscuro, y aquel día hacia más frío que de costumbre, a pesar de que había conseguido alejar a aquella "amiga mía" de mi vida, el sentimiento de malestar seguia presente, tenía miedo de enfrentarme a ella cara a cara y de lo que seria capaz de hacer estado resguardada por mi anterior grupo. No quería pensar en aquello, y a pesar de que tenia la música puesta con el fin de distraedme, de nada servía.
Llegué al instituto y pase corriendo por el recreo entre los grupos que se colocaban por allí antes de entrar a las clases. Mi aula estaba bastante lejos, pero me dio igual,los pasillos estaban vacios y no tendría que encontrarme con nadie, al girar la esquina, me encontre de frente con Lara, una compañera de mi curso que también era delegada. Que me caía bastante bien, pero con la que nunca había entablado una conversación decente.
-Hombre, Lau, buenos días.- me saludó sonriente.
-Buenos días Lara.- le conteste amistosamente.
-Que extraño que llegues tan temprano, normalmente sueles tardar en entrar.- intervino curiosa.
-Es que hoy me apetecía entrar temprano, no sé- le contesté.
-Pues ya ves, vas a ser la segunda en entrar- me sonrió.- Lo que veo más extraño es que no vengas con Sonia, siempre estáis juntas.
-Ahhh, es que... bueno, nos hemos peleado... Me he cansado de ella.- contesté
Lara se sorprendió ante mis palabras y rápidamente corregí.
-a ver, no quería decir eso, quería decir que me cansé de que me tratase como si fuera basura. Creo que no me lo merezco- finalicé agachando la cabeza.
Lara me abrazo y me dijo que comprendía que me hubiera cansado de aquella situación, que no era normal que me tratara así, y como la buena persona que era me dijo que se sentaría conmigo para no dejarme sola. En el fondo me sentí aliviada, saber que tenia una aliada y que no iba a estar sola me relajaba y reconfortaba, pero aun así temía por si algo no salia bien...
El timbre que indicaba que la primera clase iba a empezar rompió el silencio que se había formado en el instituto, Lara y yo ya estábamos sentadas en nuestras mesas, mientras que los demás empezaban a entrar y a sentarse, esperando a la llegada del profesor. Sonia cruzo el umbral de la puerta, mirándome fijamente y obviamente con cara de pocos amigos, de inmediato agache la cabeza y seguí con lo mio, que consistía en parecer invisible.



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