¿Y si celebramos el cambio? - ULSF/Temp.6/Cap.2)

“Individualmente, somos una gota. Juntos, somos el mar.” — Ryunosuke Satoro
¡Hola a todxs!
¿Qué tal estáis?
Hay momentos en los que un país entero parece ponerse de acuerdo. Durante unos días, las calles se llenan, las conversaciones giran en torno al mismo tema y miles de personas comparten una misma ilusión. Y, mientras observaba todo eso, no podía dejar de hacerme una pregunta.
Desde hace poco más de un mes, el mundo vive uno de los acontecimientos deportivos más esperados del año: el Mundial de fútbol. Con él llegan las camisetas de la Selección, las terrazas llenas de personas pendientes del marcador, las plazas abarrotadas y esa sensación de que, durante noventa minutos, un país entero parece latir al mismo ritmo.
Y, sinceramente, la sensación es preciosa. Me gusta ver cómo un deporte es capaz de hacer que las personas dejen de lado sus diferencias durante un tiempo y unirse para celebrar algo tan grande como nuestra Selección de fútbol, un equipo que ha llegado hasta una final del mundo.
Pero cuanto más pensaba en ello, más me rondaba una idea en la cabeza que no me puedo sacar y es que tenemos una gran capacidad de movilizarnos como país cuando queremos pero, ¿por qué nos cuesta tanto llenar las calles cuando hablamos de otros temas que nos afectan como sociedad?
Y es que, en el mundo seguimos viendo grandes injusticias que no podemos silenciar: se sigue matando a las mujeres, se sigue matando a personas a gritos de “maricón” y seguimos escuchando insultos racistas. Nuestros bosques arden cada verano. La corrupción sigue ocupando titulares. Niños siguen suicidándose porque en su colegio le hacen bullying. Sigue habiendo gente que niega el cambio climático. La sanidad y la educación sufren recortes constantes, impidiendo servicios de calidad para el ciudadano. Hay gente que sigue asistiendo a la plaza de toros para ver cómo se mata a un animal disfrazando este maltrato animal en cultura.
Las plazas podrán estar llenas ahora, pero estas pasan demasiado tiempo vacías cuando hablamos de todas estas injusticas. Y aquí es cuando surge la gran pregunta: ¿nos resulta más fácil celebrar que comprometernos o simplemente nos estamos acostumbrando a vivir con las injusticias? Claro que tenemos que salir a las calles para celebrar nuestra Selección, nuestra gente, nuestra unión, nuestro equipo… Pero nunca nos olvidemos de unirnos en las malas.
Ojalá nunca dejemos de celebrar este tipo de acontecimientos, pero ojalá podamos celebrar el cambio. Porque imaginaros esto: si somos capaces de salir millones de personas para celebrar un título, ¿de qué seríamos capaces si decidiéramos hacer lo mismo por aquello que todavía necesita cambiar?
Mañana es la gran final del mundial, y ojalá nos llevemos nuestra segunda estrella y salgamos todos a la calle para celebrar. Pero cuando surjan los problemas, no huyamos. Recordemos la unión de este último mes y volvamos a recrearla por nosotros y por nuestros derechos.
Un abrazo, Didi💜



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