El legado de La Guadaña de Caronte, pte 13 y 14
XIII
-¿Sorprendido? –preguntó su padre, que ya estaba sentado en la mesa.
-Bas… Bastante… ¿Sois asesinos?
-Si, desde hace un tiempo. No ha sido fácil ocultarlo pero… al final lo hemos conseguido. Y cuando vimos tu nota encima de tu mesa… supimos que habÃas acudido al mismo asesino que nosotros.
-¿Cómo? No, espera ¿Fuisteis aprendices de Rais?
-Exactamente –respondieron los dos a la vez.
-¿Y cómo supisteis que iba a por Rais?
-Gozz es también amigo nuestro –esta vez respondió sólo la mujer.
-¿Entonces…?
-SÃ, sabÃamos que a veces salÃas de nuestro feudo. No somos tontos –dijo su padre-, a quien no conocÃamos, es a esta joven.
Ethan se dio cuanta de que seguÃan cogidos de la cintura y la soltó.
-Ella es Krasa –se dirigió a sus padres, pero le estaba levantando una ceja a Krasa. La joven asintió y le volvió a coger de la cintura-, y es mi novia. Ellos son Catalina, mi madre, y Edrick, mi padre.
-Un placer conocerte –dijeron los tres a la vez.
Todos se rieron un rato –incluso Rais, aunque Ethan seguÃa pensando que era por el opio-, y al final se pusieron a comer. Por primera vez Ethan se fijó en la gran habitación. No era tan grande como la Sala de Armas, pero era bastante espaciosa y lujosa. Hecha de mármol completamente, decorada con oro y con una gran mesa de madera pulida en medio.
Durante toda la comida estuvieron hablando sobre las pruebas que le habÃa hecho Caronte a sus aprendices, sobre el Instinto de Ethan…
-¿Ralentizar el tiempo? –preguntó su padre- Enséñamelo.
-No puedo, me gaste todo con este –señaló a su derecha, donde se encontraba Telnaty.
-Oh, recuerda que mi poder es regenerar Sol, acércate.
El hombre tocó a Ethan y se sintió con energÃas renovadas.
-¿Ya puedes? –preguntó su madre.
-SÃ, pero para que lo veáis tendréis que tocarme, solo asà no os pararéis.
-¿Ah si? –preguntó Rais- Eso no me lo habÃas dicho.
-Lo descubrà mientras te buscábamos. Pero me gasta mucho Sol, asique lo haré uno por uno y en los espacios Telnaty me regenerará el Sol.
-Ethan –susurró Krasa, alarmada.
-No pasa nada, si al final tendré Sol –apuntó Ethan.
-No es eso, es que…
-¿Ya? –preguntó Catalina.
-Si, ahora lo hago, a todos y cada uno.
Y asà hizo, y al final del espectáculo todos lo habÃan probado, hasta aquel asesino médico, y estaban con la boca abierta.
-Mi instinto es este –dijo el padre mientras se ponÃa de pie y enfocaba sus manos hacia el suelo-, lanza un rayo que lo quema todo. Es luz, pero se ve que la luz emite ondas de calor. Luego te compramos una nueva alfombra Rais.
Una luz cegadora salió de su mano y tuvo la mala suerte de enfocar a los trozos de una copa rota que habÃa caÃdo antes.
La luz ahora se dirigÃa a todos y cada uno de las personas de la sala. Todos iban a morir. Telnaty no habÃa recargado el Sol de Ethan desde la última actuación de parar el tiempo asique no podÃa parar aquella luz.
Pero Catalina levantó las manos y una oscuridad atronadora se tragó todos aquellos rayos.
XIV
Rais tensó un arco que habÃa al lado de él y le lanzó una flecha a Catalina. La madre cambió la trayectoria de la sombra y esta se tragó la flecha.
-¡Eso es lo que te querÃa decir! –gritó Krasa a Ethan- ¡Babae está aquÃ! ¡He visto la flor!
Catalina se tragó la sombra y le aparecieron unos tentáculos oscuros de la cabeza.
Su padre hizo lo propio, sacó unas alas de ángel de luz cegadora mientras Babae se colocaba al lado de él.
Telnaty intentó salir por la puerta corriendo, pero un tentáculo oscuro lo cazó mientras corrÃa y se lo tragó. Edrick tocó una de sus alas al medico y este desapareció con un fogonazo enorme.
-Mama… -susurró Ethan.
-Llámame Polypus.
-Como he podido ser tan estúpido –dijo Rais mientras se ponÃa a cuatro patas y se transformaba en un tigre enorme hecho de piedra.
El ángel y el tigre empezaron a pelear mientras que el pulpo estaba flotando en el aire porque sus cuatro tentáculos la estaban sujetando. Las sombras empezaron a cubrir todo su cuerpo y en pocos segundos era una sombra.
-¿Qué ha hecho Rais? –preguntó Ethan, hacÃa lo imposible para evitar el hecho de que sus padres eran bestias oscuras y alas.
-¡Reperio vestri interioris animalis! –exclamó Krasa-¡Pues claro! ¡Busca tu animal interior! ¡Piensa que animal eres! -Krasa se concentró y de repente se transformó en una serpiente rodeada de fuego.
-Busca tu animal interior… -dijo Ethan- ¿Es eso?
El joven se concentró e intentó pensar que animal podrÃa ser él… nada, no se le ocurrÃa nada. Y tenÃa que actuar rápido porque su padre parecÃa una escultura de oro, y por lo que se veÃa, todo lo que tocaba se convertÃa en cenizas. Por lo tanto Rais no podÃa hacer nada.
Pensó… no podÃa ser nada menos ¡Un escorpión! Siempre le habÃan gustado y más que eso… sentÃa una atracción hacia ellos. TenÃa cinco en su casa. Asique se concentró y pensó en los escorpiones. No pasaba nada… Abrió los ojos y se encontró con que tenÃa ocho patas de más que le salÃan del abdomen, y que sus manos eran pinzas. Aparte de eso sólo notaba en cuerpo como si tuviera varias planchas de metal protegiéndolo y una gran cola con un pincho que por lo que veÃa podÃa controlar a la perfección.
-¡Scorpio! –gritó su madre que parecÃa completamente loca. Ahora varios tentáculos más salÃan de la cabeza y estaban peleando contra una serpiente que tenÃa varias veces el tamaño natural.
-¡Se acabó! –rugió Rais mientras se des transformaba, en ese estado no podÃa hacer nada a lo que parecÃa ser un ángel y un agujero negro.
Su cuerpo volvió a la normalidad y ahora no tenÃa un arco como arma, tenÃa una guadaña que rezumaba vapores.
-¿Sabes quién es Caronte, ángel? –pregunto Rais, el ángel habÃa parado un momento y estaba suspendido en el aire.
<<NO –resonó una voz en las mentes de todos>>
-¡Es el barquero del infierno! –gritó mientras clavaba su guadaña en el suelo de madera.
Un rugido atronador salió del arma y una raja en el suelo de madera se fue haciendo más grande hasta que un abismo separaba al ángel y al pulpo de los demás. El abismo se empezó a llenar de un agua negra de la que salÃan rostros gritando.
-¡Ethan, Krasa. ¡No os des transforméis, perderéis toda la energÃa y caeréis desmayados!
La serpiente y el escorpión asintieron a la vez y se echaron para atrás.
<<¿Crees que algo asà puede con nosotros? –preguntó una voz demente, Catalina>>
-Si, ¡ATACAD ALMAS MUERTAS! –gritó Rais.
Las caras fangosas empezaron a salir del rio y ahora ya no eran solo caras. Eran cuerpos completos o mutilados.
Caronte subió encima de Ethan y le dijo:
-Para el tiempo. Cundo te transformas se te regenera el Sol y no se acaba nunca. Por eso ellos siguen luminosos y oscuros.
El joven lo hizo, pero antes se fijó en que los rayos de luz de su padre hacÃan agujeros en la moqueta y atravesaban a los muertos; y la oscuridad de su madre lo único que hacÃa era intentar agarrarlos, pero los atravesaba como la sombra que era.
Ethan tiró su Sol por la ventana mientras tocaba a Krasa con una parte de su aguijón.
-Ya esta –comentó con una voz que parecÃan dos metales chocándose.
Su padre, su madre y Babae estaban quietos completamente, pero los muertos seguÃan avanzando.
-No los toquéis –dijo Rais-, no crucéis el rÃo para matarlos. No podéis y el rÃo os matará.
-¿Cómo has hecho eso? –preguntó una voz siseante.
-Pues digamos que el maestro del maestro del maestro de mi maestro o algo asà consiguió volver de entre los muertos porque era su Instinto, y cuando estuvo allà robó esta guadaña –señaló la suya-, a Caronte. Desde ese dÃa su Instinto dejó de funcionar y la guadaña ha ido pasando de generación en generación. Las normas eran simples para tener el poder de los muertos: No puedes cruzar el rÃo, tus transformaciones no te agotan, puedes hacer el agujero tan ancho como quieras, por eso yo solo lo he hecho solo hasta el final de la habitación, y la última norma es que te deberÃas de apellidar Caronte.
-Ah… parece fácil –dijo el escorpión, intentando no ver como los muertos empujaban a sus padres y a Babae hacia el rio, y luego este los devoraba.
-Lo es, pero bueno… envejeces más rápido. Yo tengo veinte años.
-Waho, parece que tienes cincuenta –siseó una voz.
-Ya… lo peor es que mi aspecto no parará de envejecer hasta que tenga un heredero –Rais tocó el suelo con la guadaña otra vez y el rio y os muertos volvieron a sus sitio, el inframundo.
Lo malo era que el hueco del suelo no, y todos los destrozos del ángel y el pulpo tampoco.
-¿Y que hacemos con mi hermano? –preguntó Ethan.
-Mañana hablaremos con él. Des transformaos, yo os llevaré a vuestras habitaciones.
Los jóvenes le hicieron caso y cayeron inconscientes al suelo.



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