El Internado Blackthorn Capitulo 11
Capítulo 11: La luz en la oscuridad
Emma se levantó despacio. Ya no era la misma.
Los recuerdos ardían dentro de su cabeza, pero no como una tortura… sino como fuerza.
Ahora entendía.
Ella no solo había sobrevivido al miedo.
Lo había enfrentado y doblegado.
—¿Qué ves, Emma? —preguntó Nora.
—Veo cómo encerraron a la Entidad. Sé lo que le duele. Y sé que quiere romper mi mente para volver a liberarse del todo. Pero esta vez… no lo lograré yo sola.
Se giró hacia Margot.
—Dices que necesita miedo puro para fortalecerse. Entonces, ¿y si lo enfrentamos con lo contrario?
Margot alzó una ceja.
—¿Valentía?
—No. Algo aún más fuerte.
Emma miró a Eliza, luego a Nora.
—Luz emocional. La conexión entre nosotras. La amistad. El cariño. La memoria real. Todo lo que él no entiende.
Margot asintió.
—Eso puede ser peligroso. La Entidad intentará meterse en vuestras mentes. Manipularlas. Mostrarles sus peores pesadillas.
—Pues que lo intente —dijo Eliza, decidida—. Ya no estoy sola.
—Ni yo —dijo Nora.
Emma cerró los ojos y respiró hondo. En su interior, esa nueva luz —su poder— se encendía.
Una mezcla de memoria, rabia, amor y valor.
—Vamos a encerrarlo otra vez.
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Cruzaron el internado en silencio. Ya no huían. Ahora caminaban con paso firme, seguidas por Margot, que abría los pasadizos ocultos uno por uno hasta llegar a la cripta subterránea, justo debajo del ala más antigua.
Allí estaba.
El corazón de la oscuridad.
Una cámara circular, con símbolos grabados en el suelo, y en el centro…
La Entidad.
No tenía forma exacta. Era sombra, humo, ojos que no parpadeaban. Se movía con lentitud, como si respirara. Cuando las vio, soltó un rugido que hizo temblar las paredes.
—Emmaaaaa… ya volviste… —susurró una voz dentro de su mente.
Pero esta vez Emma no lloró.
Dio un paso al frente. El suelo brilló bajo sus pies.
—No tienes poder sobre mí. Porque yo ya no tengo miedo.
La Entidad lanzó un chillido. Intentó atacar, pero algo invisible la frenó. Emma levantó las manos. Una luz plateada comenzó a salir de su pecho… y de sus ojos.
—¡Ahora! ¡Agárrense de las manos! —gritó Margot.
Emma, Nora y Eliza se unieron. Y entonces, esa luz se multiplicó.
Se convirtió en una esfera brillante que envolvió a la Entidad.
Ella gritaba. Gritaba en todas las voces posibles. Voces de niños, de adultos, de Emma misma.
—¡NO! ¡NO PUEDO VOLVER A LA OSCURIDAD!
Emma se acercó al borde de la esfera.
—Entonces no debiste jugar con la luz.
Y con un último grito… la Entidad fue absorbida por los símbolos del suelo.
Silencio.
Oscuridad.
Y luego… paz.
Las luces del internado parpadearon.
A lo lejos, se escuchaban alarmas. El sistema del director estaba cayendo. Todos los archivos, secretos y cámaras… se estaban apagando.
Emma miró a sus amigas.
—Lo hicimos.
Margot sonrió, por primera vez en años.
—No solo lo hicisteis. Lo vencisteis juntas.



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