El Internado Blackthorn Capitulo 4
Capítulo 4: Las marcas en la piedra
El túnel era más largo de lo que esperaban. Las paredes estaban cubiertas de musgo, y el aire era tan espeso que cada respiración se sentía como si inhalaran polvo antiguo.
Emma iba adelante, sujetando su linterna con fuerza. Nora, en medio, murmuraba todo lo que veía, como si estuviera grabando un documental en su cabeza. Liam cerraba la marcha, girándose cada tanto para asegurarse de que nadie los seguía.
Después de unos minutos, llegaron a una bifurcación.
—¿Izquierda o derecha? —preguntó Nora.
—No lo sé —dijo Emma, mirando ambas direcciones—. Pero a la derecha hay algo en la pared… ¿son marcas?
Se acercaron. Había símbolos grabados en la piedra. Eran como garabatos, pero uno de ellos tenía forma de llave.
—Esto parece antiguo —susurró Liam—. ¿Y si es un código?
Emma pasó los dedos por las marcas y, sin querer, presionó uno de los símbolos.
Click.
Una parte de la pared se hundió… y se abrió una puerta.
Los tres se miraron. Emma tragó saliva.
—¿Entramos?
—Obvio —dijo Nora—. Si esto fuera una película, la protagonista no se iría justo ahora.
La puerta crujió al abrirse completamente. Dentro, había una habitación secreta. Estaba vacía, excepto por un escritorio cubierto de polvo, una silla rota… y un cuaderno.
Emma lo tomó con cuidado. Estaba viejo, con la portada rasgada. En la primera página, escrita con tinta roja, se leía:
“Mi nombre es Eliza. Si alguien encuentra esto… no confíen en los adultos del internado.”
Los tres se quedaron en silencio.
—¿Quién es Eliza? —preguntó Liam.
—Tal vez… la chica desaparecida —dijo Emma—. O alguien que también se perdió aquí hace tiempo.
Nora hojeó las páginas rápidamente. Muchas estaban escritas con letra temblorosa. Algunas líneas estaban tachadas, otras apenas legibles.
Y en la última página se leía una frase que los dejó helados:
“Ellos me encontraron. Ya no puedo esconderme. Si entraste aquí… cuidado con los que sonríen demasiado.”
Un fuerte ruido metálico se escuchó detrás de ellos.
¡La puerta se estaba cerrando sola!
—¡Rápido! —gritó Emma.
Pero fue demasiado tarde.
¡CLANG!
La puerta se cerró con un golpe.
Y quedaron atrapados.



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