A mi más querida compañera
Dulce es la dama que me arropa cada noche y me retiene al despertar. No logro recordar cómo la conocí ni por qué razón, pero hace ya mucho tiempo que convivo con ella. Si hay algo de lo que me acuerdo es de su timidez. Me seguía a todas partes, cabizbaja e inadvertida. Yo notaba su presencia, mas no sabía que era ella la que estaba allí, con su tierna carita escondida entre los largos cabellos que caían como lágrimas por sus mejillas.
Pues resulta que un día como cualquier otro, harta de estar escondida en mi sombra, sin ser escuchada, tiró de mi camiseta, y, por primera vez, me fijé en ella, pálida como la luna misma, con lágrimas asentadas en sus redondas mejillas. Ahora va de mi mano allá donde voy. Cuando hay gente se esconde tras mis hombros porque no le gusta ser vista por los demás. Ella me traduce todo lo que me dice la gente, y me hace ver el mundo con unos ojos distintos a los que tenía antes de conocerla. Y yo le dejo. Porque es ya una vieja amiga y sé con certeza que ella no me mentiría. ¿A que no?
Hay ocasiones en las que se va de vacaciones, y se lleva su mundo con ella. Pero tarde o temprano acaba volviendo, y yo la recibo con los brazos abiertos.
Con todos estos vaivenes, ya van unos cuantos años desde que la conocí, y, aunque me cueste aceptarlo, he de admitir que ya no parece la de antes. Se aferra a mí desesperadamente. Me tapa los ojos cuando la gente que ha conseguido verla me dice mentiras. ¿Mentiras? Ella me acuna por las noches y me dice que no escuche, que sólo intentan separarnos. Que no soy nadie sin ella. Que no sé vivir sin ella. Que la necesito. Que no sé vivir sin su compañía. ¿Es eso cierto? ¿Cómo era yo antes de conocerla? Ya ni me acuerdo. Si me paro a pensarlo, su llegada solo me ha traído rabia y pesar. ¿Por qué soy yo quien la necesita, si es ella la que se agarra a mi brazo como si la vida le fuese en ello? ¿Quién le ha dejado entrar? Mis amigos agarran con fuerza sus muñecas para tratar de apartar sus manos de mis oídos, de mis ojos.
Hermosa dama, ¿quién te dio permiso para alimentarte de mi alma? Cuanto más escucho a la gente que me quiere de verdad, más falsa me pareces. Deja de infectar mi espíritu, deja de tapar mi cara. Ya no voy a tolerar más tus mentiras ni a permitir que me digas quién soy. No eres bienvenida en mi mundo, así que vete y no vuelvas nunca. Yo soy yo, y mi vida es mía. No te quiero volver a ver, te odio. Me has engañado durante todo este tiempo. No mereces mi atención, no mereces existir. Se acabó el juego, la función terminó. Se cierra el telón, todo se vuelve nítido.
Adiós, depresión.



Comentarios
airunosa - hace más de 10 años
Que bien descrito! Impresionante.
partysummer - hace más de 10 años
Hay veces que me dejáis sin palabras. Esta es una de ellas. Mi más sincera felicitación!!!
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