Escucho tu voz
Soy débil, pero nadie nace siendo fuerte.
Quiero rendirme, dejar que ellos ganen.
Llevo mucho tiempo intentando ocultarme para evitar que me hagan daño, pero sólo he conseguido que descubran cómo soy realmente.
Mi pecho está abierto. Mi cuerpo se estremece a cada palabra que ellos lanzan sobre mí; como cuchillos clavados en mi delicada piel. Cubro mis ojos con unas finas manos que tiemblan de terror.
Nunca debí abandonarme.
Cuanto más me muestro como realmente soy, más sufro, y cuanto más sufro, más ganas tengo de ser débil y llorar, de ser como ellos quieren que sea: vulnerable.
Después de esa fase, de esas ganas de enterrarme en mis propias lágrimas...decido aislarme del mundo, pensando que así nadie más me hará daño. Pero siempre vuelvo al punto de partida, ese en el que nadie sabía nadie de mí, pero me conocían mejor que yo a mí misma. Y quedo encerrada en un círculo que cada vez se cierra más, atrapándome, hasta que me asfixia, dejándome sin escapatoria.
A cada paso que doy en estos atiborrados pasillos, siento que mis frágiles piernas van a derrumbarse; dejando mi inerte cuerpo yacer en el suelo, mientras ellos me pisotean sin escrúpulos, y ni siquiera las lágrimas manan de mis ojos, huyeron de mi apenado cuerpo; cansadas de derramarse sobre mis mejillas por los mismos motivos todos los días.
Entonces es cuando al final de ese pasillo encuentro a alguien acurrucado en un rincón, ocultando su rostro entre sus manos, y siento la necesidad de saber por qué está así. Me acerco e intento que hable conmigo, pero él permanece inmóvil.
Oigo su llanto, y mi cuerpo se estremece al recordar cuando yo lloro.
Aún no he hablado con él pero siento que le entiendo, que puedo comprender el motivo de sus lágrimas.
Él levanta la cabeza y me observa con unos irritados ojos. Le ofrezco mi mano y él la acoge; tembloroso.
Caminamos por el largo pasillo y salimos del edificio.
Ellos se giran a nuestro paso. Risas acuchillan nuestros oídos, pero no nos detenemos.
Nos sentamos en un banco y le observo detenidamente.
Cada uno de sus gestos me recuerda a mí.
Sus labios quieren hablar, pero parecen no tener fuerza para hacerlo.
Sonrío, a pesar de estar a punto de llorar al verle sufrir tanto como yo lo hago.
Él nota que mis ojos están reprimiendo unas lágrimas de dolor. Cubre su rostro con sus manos y solloza débilmente.
A veces uno se cansa de llorar en silencio, de mostrar su lado débil a alguien que no escucha, de vivir en la eterna soledad.
No, no puedo permitir que se derrumbe así. Yo estoy mal, pero mi felicidad depende también de los demás.
Con unas temblorosas manos, aparto los delgados dedos que cubren sus ojos.
Él ya ha parado de llorar, pero ahora se muestra arrepentido. Seco sus lágrimas y acaricio su demacrado rostro, sintiéndolo como si fuera el mío.
Sus labios se atreven a hablar.
- Ellos... me hicieron mucho daño. Yo soy débil, y me he cansado de hacerme el fuerte. Me he mostrado tal y como soy, pero lo único que he conseguido es que me causen más dolor.
Me mira con ojos apenados. Siento unas ganas enormes de abrazarle y decirle que comprendo el motivo de sus lágrimas, que yo estoy pasando por lo mismo... Pero las ganas de llorar han creado un nudo en mi garganta, y no puedo hablar.
- Nunca pensé que alguien que me lo prometió todo, me dejaría en la nada. He cometido muchos errores a lo largo de mi vida, pero nunca hice una locura tan grande como la de aquel día. Sentía que no era yo, que el cuerpo era de un extraño... Pero las heridas en el alma las portaba mi piel, mi pecho. Son cicatrices de las que nunca podré deshacerme. Ignorar el pasado es algo que he intentado muchas veces, pero me atrapa para que quede atado a él, y jamás puedo avanzar.
El muchacho dirige su temblorosa mano a una de las mangas de su chaqueta.
Sé lo que va a mostrarme. Todos hemos cometido errores, pero hay veces que en momentos de derrumbamiento, somos aplastados por nuestros propios arrepentimientos y quedamos sepultados bajo ellos. Son en esos instantes en los que no nos importa nada más, en los que inconscientemente cometemos las mayores locuras sin ni siquiera pensar que somos nosotros mismos los que vamos a ser heridos. Sólo cuando nos vemos yacer en el suelo, rodeados de un mar de sangre; portadora de nuestro dolor, somos conscientes de lo que hemos hecho. Todos piensan que es una forma de deshacerse del dolor, la sangre lo arrastra fuera de nuestro cuerpo; haciéndolo desaparecer, pero el arrepentimiento es casi más fuerte que eso, y acabamos por hacernos más daño del que sufríamos.
Detengo su temblorosa mano, la cual hace ascender su manga, deseosa de mostrarme todo su dolor, de liberarse y acabar por fin con ese secreto que lo está matando por dentro.
Él levanta la vista y me mira.
Sus ojos están húmedos, al igual que los míos. Pocas formas hay de acallar un llanto de dolor, de odio, de furia interior.
Así que antes de rendirme a las lágrimas, prefiero hacerle saber que no está solo.
- Yo escucho tu voz- musito.
Mis brazos rodean su cuello. Sus frágiles manos me acogen, respondiendo al abrazo. Ambos nos rendimos a unas lágrimas que habían estado encerradas durante mucho tiempo en nuestro corazón, pero esta vez no son de tristeza, sino de felicidad, pues sabemos que hay alguien que nos comprende, que escucha nuestra voz.
Nayeli.




Comentarios
_dennaselen - hace más de 11 años
Completamente flipante. Me encanta de veras. Tienes talento para esto. Creo que tienes razón nadie nace fuerte, pero cuando nos fortalecemos nos encontramos a nosotros mismos y encuentra a los que queremos. No debemos perder el tiempo y reaccionar. Nosotros podemos ser fuertes, escuchar la voz de los que más queremos, comprender como bien dices. Eres genial y tus post también un felicidades, un simple me gusta son inncapaces de describir esto. Pero, aun asi te lo mereces. Felecidades y un me gusta para ti.
nayeli - hace más de 11 años
Ayyyy:´) Muchas gracias!
_dennaselen - hace más de 11 años
No hace falta darlas!!!
atenea - hace más de 11 años
Estoy llorando. Muchas gracias, Nayeli.
nayeli - hace más de 11 años
Oh...yo no quería hacer llorar a nadie, aunque la mayor parte de los textos que escribo son realmente tristes D: Un besito
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