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La voz de los libros

SKY. Capítulo 12

Publicado por nayeli el 30/08/2014 · Categorías: Creación

Intento darme prisa en preparar la comida que falta porque ya se oye alboroto en el salón. Comienzo a emplatar cuando Liam entra por la puerta. Bajo la vista de nuevo a lo que estoy haciendo porque no quiero pensar en él, no quiero pensar en lo que ocurrió anoche, porque no le quiero creer. Cojo platos más pequeños y sirvo el postre. Suspiro. Sólo me queda echarle el chocolate caliente por encima antes de que sean servidos a los comensales, pero por ahora he terminado.

Continúo reprimiendo mis ganas de mirarle, pero no puedo aguantar. Levanto la vista y veo que está mirándome. Enseguida aparta la mirada y sigue paseándose por la cocina.

Va vestido muy elegante, con un esmoquin. No se ha afeitado, y se le nota que tiene barba de unos días, pero en él queda realmente sexy. Al verlo así, los recuerdos vuelven a mí e intento apartarlos; asustada.

Imágenes borrosas llegan a mi mente.

Era de noche, y yo corría sobre los tejados. Acababa de robar en una joyería y alguien me perseguía. Recibí un disparo en la pierna, pero sólo me rozó. Cuando me di la vuelta, vi a un hombre castaño, vestido muy elegante y con barba de varios días.

Me quedo petrificada por el terror que me inunda. No puede ser, esto no es real.

Vuelvo a mirarle para hacerme a la idea de que no pudo ser él quien me disparó. Pero me llevo una gran decepción y el miedo se apodera de mí. Le reconocería en cualquier lugar, incluso en un borroso recuerdo.

Era él.

Siento una punzada en el pecho y por unos segundos me olvido de respirar. Desearía no haberlo reconocido, desearía vivir en la completa ignorancia. Por desgracia, no puedo ignorar lo que es real. Y la realidad me golpea otra vez, tan fuerte que me siento aturdida. Una vez más me niego a admitir lo inevitable. Anoche prefería hacer oídos sordos a lo que me contó, hoy pienso borrar esa imagen de mi mente.

Muevo la cabeza de un lado a otro; negándolo, como si eso sirviera de consuelo para mí. Cojo unos cuantos platos y salgo por la puerta de la cocina, ignorando que él siga allí. Ignorando todo lo que hace y dice. Recorro el pasillo y dejo los platos en la mesa, sin apenas fijarme en quiénes han venido.

Vuelvo a la cocina lentamente, no quiero volver a verle. Cuando entro le descubro vertiendo algo sobre el chocolate caliente del postre. Nada más verme, guarda el frasco rápidamente, como si quisiera evitar que me dé cuenta de lo ocurrido.

—¿¡Pero qué...!? —espeto, confundida.

—Sky, necesito que no digas nada, por favor —suplica.

Liam se acerca a mí y me coge por los hombros. Los acaricia mientras me mira fíjamente con sus profundos ojos marrones.

—No puedes decir nada de lo que has visto, forma parte de mi plan, por favor —me pide.

—¿Qué plan? —pregunto, cada vez más confusa—. No quiero tener nada que ver con la muerte de los comensales. Soy la cocinera, las culpas irán a mí.

Cojo el chocolate y voy a verterlo en el fregadero, cuando él me detiene.

—Sky, no les voy a envenenar. Es un somnífero. No quiero que corras el riesgo de quedarte a solas con el jefe, y si llega a ocurrir, se derrumbará en el suelo y no podrá hacerte nada.

—Esto es absurdo —Niego con la cabeza—. Haz lo que quieras, no quiero saber nada de ti.

Dejo el chocolate sobre la mesa y cojo los platos que quedan por servir.

Por suerte, cuando vuelvo a la cocina él no está, pero los postres tampoco. Me dirijo hacia donde estaba el chocolate caliente con el corazón palpitándome con fuerza. Pero no, no queda nada.

Los va a dormir a todos, sólo para que yo no corra peligro. Qué estupidez. Creo que soy lo bastante mayor como para valerme por mí misma, no necesito que haga todo eso por mí, o tal vez sí, pero quiero negarlo.

Con paso rápido, me dirijo al gran salón donde se puede oír la formal conversación de los comensales. No entro, me quedo en la puerta y nadie se percata de que estoy aquí; y así lo prefiero. Liam está sentado junto a una silla vacía. No conozco al resto de los invitados, así que ni me fijo en ellos. Todos están tomándose el postre. Se me hace un nudo en el estómago al saber lo que minutos después les va a ocurrir. Abandono mi posición y retrocedo sobre mis pasos.

Cuando vuelvo a la cocina, una voz que no oía desde hacía un tiempo, me llama.

—Sky, ven aquí.

Sigo la voz con la mirada y me encuentro con el jefe, a unos pasos de mí. Respiro hondo. Liam me advirtió que no debería quedarme a solas con él, pero no quiero hacerle caso. Después de todo, él es quien me paga por mi misión, y con el dinero podré mantener a mis hijas, que lo son todo para mí. Pero ¿y si la misión no existe? No, no puedo pensar eso ahora.

Avanzo hacia el jefe y él me mira muy sonriente. Un escalofrío me recorre al ver su enorme sonrisa. Recuerdos que me hacen estremecer vuelven a mí, pero se disipan en cuanto entro en una sala con él, a solas.

—Muchas gracias por tu tiempo, Sky. Necesitaba hablar contigo —aclara.

No digo nada porque no sé que responder. Me quedo plantada donde estoy, inmóvil.

—Querida, cuéntame qué tal va tu misión.

—Él es un ladrón. Tenías razón —respondo, con un nudo en la garganta.

El me mira y sonríe, como si todo esto le divirtiera.

—Sky, siento decirte que el proyecto no está marchando demasiado bien. —Sentencia, muy serio.

El terror se apodera de mi cuerpo. No, no puede ser real. He hecho lo que me pidió. Tengo ganas de llorar poque sé lo que sus palabras significan, porque sé que me quedaré sin trabajo. Y lo que todo ello conlleva. Mis hijas, mi vida... todo; destruido. Se quedará en un intento de sueños en construcción, en una maqueta de cartón que nunca llegará a ser algo más.

—He descubierto lo que me pediste —logro decir.

—Sí, eso no lo niego. Pero te has encariñado de él, lo veo en tus ojos. —Clava su mirada fría en mí.

—No es verdad... —Trato de negar, pero sé que es imposible—. Estoy afirmando que es un ladrón, que es culpable. El resto no debe de importar —Siento una punzada en el corazón mientras digo esas palabras.

Me cuesta muchísimo respirar, el oxígeno de la habitación parece estar consumiéndose y me ahogo. ¿Por qué me duele tanto afirmar la culpabilidad de Liam?

—Sky, para ti sí que importa. Lo puedo leer en ti, en la forma en que lo miras —Hace una pausa que me hiela la sangre—. El proyecto ha fracasado, me has fallado Sky.

—Yo... —No encuentro las palabras adecuadas— Lo siento —.Me disculpo, reprimiendo las lágrimas en mis ojos.

—Oh, querida, no te preocupes —Sonríe maliciosamente—. En realidad mi objetivo no es en absoluto demostrar su culpabilidad —Clava sus malvados ojos en mí, y me siento atrapada en ellos—. Sólo te quiero a ti.

Sus palabras rompen el hechizo que sus profundos ojos habían causado en mí, los cuales me querían sumir en la completa negrura del abismo. Un escalofrío me recorre por el efecto que sus palabras provocan en mí. Intento retroceder pero no puedo; estoy atrapada.

El silencio me está acuchillando los oídos y tengo la necesidad de romperlo, pero no tengo fuerzas.

Él sonríe nuevamente y los recuerdes vuelven una vez más a mí. Las lágrimas queman mis ojos, luchando por salir.

La sangre se me congela al ver cómo saca una pistola y me apunta con ella.

Quería que alguien rompiera el silencio, pero no de esa forma.

Mi corazón se dispara y siento cómo la sala poco a poco me encierra, nos encierra. Necesito respirar, necesito salir de aquí. Pero las paredes me rodean y sólo puedo mirarle a él. Dirijo mi vista al arma que me señala. Un sólo disparo y todo acabará. Los sueños, las esperanzas, la lucha, las ganas de volver a amar, de volver a vivir... Todo ello se esfuma con solo su siniestra imagen metálica.

—Shirley, pequeña. Soy Matt, ¿no te acuerdas de mí?

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