SKY. Capítulo 6
Ya han pasado varias semanas desde que hice el descubrimiento, y aún siento el pánico correr por mis venas.
Estoy en la cocina preparando unos tés para el invitado y Sir. Leeroy. Creo que ya me he acostumbrado a sus extravagancias, así que cuando salga de esta peculiar casa, nada me podrá sorprender, porque cosas más extrañas me habrán ocurrido durante mi estancia aquí.
Se oyen voces casi inaudibles en el piso de arriba. Coloco las dos tazas humeantes en la bandeja.
Estiro mi impecable uniforme y subo las escaleras sigilosamente.
Mis nudillos tocan la puerta labrada en madera y las voces se callan.
—Puedes pasar, querida. —La voz de Sir.Leeroy suena tranquila.
Entro con las mejillas sonrojadas y deposito la bandeja sobre la mesa de centro. Levanto la vista y voy a despedirme cuando veo un rostro que me resulta demasiado familiar.
Las piernas me tiemblan y tengo que sujetarme al marco de la puerta para no caerme.
Es el jefe.
—Sky, ¿te encuentras bien? No pareces estar muy feliz de verme.
Mi jefe sonríe casi con maldad.
—Yo...Buenos días —respondo, mareada.
Abro la puerta y desaparezco. Bajo y me siento en el inicio de las escaleras, con las piernas aún temblando.
¿Qué hace él aquí? Si ha venido es porque hablan sobre mí, de eso no hay duda. ¿Lo estoy haciendo mal? Es más, ¿he hecho algo mal? Envuelvo mi rostro con las palmas de mis manos porque quiero llorar. Cuando le he mirado, he podido atisbar la maldad en sus ojos. Me asusta lo que pudieran estar hablando. ¿Tratan de ocultarme algo? Seco las lágrimas de mi rostro. Necesito este trabajo como mi propia vida.
Oigo que la puerta se abre y las voces de ambos se oyen en toda la planta. Sé que está mal, pero agudizo el oído.
—¿No es un poco precipitado?
—No, debe actuar cuando antes, esto se nos está yendo de las manos.
—Está bien. Me pondré inmediatamente. Un placer haber estado con usted.
—El placer es mío, Sir. Leeroy.
Siento miedo, mucho. Me dirijo a mi habitación intentando no hacer ruido. ¿Qué traman contra mí?
Alguien llama a mi puerta.
—Sky, ¿estás aquí?
—Sí... —digo con un hilo de voz.
—Quiero hablar contigo, por favor. Es urgente.
Temblando, abro la puerta. Sus palabras me causan horror.
Observo su rostro serio e impenetrable. Clava sus ojos en mí. Me coge por el brazo, para mi sorpresa, y tira de mí hacia el corredor.
—Tengo que enseñarte algo.
Solamente dice eso. Mi piel se eriza y el estómago me duele. ¿Me van a despedir? Respiro hondo y me dejo llevar por el largo pasillo, hasta detenernos frente a la pared carente de decoración y pintada de azul. Él presiona un punto invisible en ella, y con un solo “clic” todo lo ocurrido anteriormente queda atrás, para dar paso a una nueva sensación. El pasillo está a oscuras, y sus penetrantes ojos marrones se clavan en mí. Trago saliva. Tira de mí hacia el hueco creado en la pared y desaparecemos.
Entonces recuerdo aquel día, hace apenas semanas, en el que sentí aquella acuchillante mirada clavada en mí, mientras huía de una verdad ocultada bajo la oscuridad de la noche.




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