Yo y el Ladrón
El cuento de Yo y el Ladrón fue publicado en 1944 por Wenceslao Fernández Flórez . Su comicidad absurda, sirve para poner de relieve la desconfianza del autor en la naturaleza humana, representada por un personaje inmoral.
Aquí tenéis, espero que os guste:
Yo y el Ladrón
Cuando el sr.Garamendi se marchó a veranear, me dijo:
-Hombre, usted, que no tiene nada que hacer, préstame el favor de echar, de cuando en cuando, un ojo a mi casa.
No es cierto que yo no tenga nada que hacer, y el sr.Garamendi lo sabe perfectamente. Me limité a preguntar:
-¿Qué entiende usted exactamente por <<echar un ojo>>?
-Creo que está bien claro.
-¿Debo pasarme por las habitaciones de su casa con un ojo abierto, posando sucesivamente la mirada en los muebles, en los...?
-No. ¡Qué tontería! Quiero decir que me agradará que pasa usted algún día frente al edificio y vea que sigue todo igual. En el mundo hay muchos ladrones, y entre ladrones existe una variedad que trabaja especialmente durante el verano, y es a la que más temo.
-Bueno;pues echaré ese ojo...
La verdad es que no pensaba hacerlo. Garamendi abusa un poco de mí últimamente desde que me hizo dos o tres favores. Cuando descubro un nuevo defecto en él, tengo un placer íntimo. Entonces le encontré un poco tonto. Tener miedo a los ladrones me pareció la más estúpida infantilada. Yo no creo en eso.
Pasaron los días; me recreé en el calorcillo de Madrid, me senté en algunas terrazas, recordé mi niñez volviendo a ver las viejas películas en blanco y negro, y una tarde que estaba más ocioso que nunca en mi despacho, pensando vagamente, recordé de repente:
-¡Anda! Pues no he pasado ni una sola vez ante la casa de Garamendi.
Y únicamente para poder darle mi palabra de honor de que había atendido su encargo, aproximé lentamente mi mano al teléfono y marqué su número.
¡Trrrr...!¡Trrrr...!
Y... nada más.
Una voz apagada, desconocida, llegó por el hilo:
-¿Diga?
-¿Cómo <<diga>>?.¿No es la casa del sr.Garamendi?
La voz se hizo atiplada como la de las máscaras que disimulan, y clamó con una alegría que no venía a cuento:
-¡Sí, sí!¡Es aquí, es aquí!¿Cómo está usted?
Me sorprendió.
-Oiga, ¿me hace el favor de decir qué está haciendo...?
Siguió un silencio embarazoso.
-¿No será usted un ladrón?
Nueva pausa.
-Si es usted un ladrón, no me lo niegue.
-Bueno. La verdad es que, en efecto, soy un ladrón.
-¡Pues me ha fastidiado usted, porque tengo mucha amistad con el sr.Garamendi, y me encargó al marchar que vigilase su casa! A ver ahora qué le digo.
-Puede usted contarle lo que sucede.
-¡Bonita idea!.¿Cómo voy a confesarle que estuvimos dialogando?Aún, si usted no hubiera cometido la idiotez de contestar...
-Fue un impulso espontáneo. Estaba aquí, junto al teléfono; sonó y maquinalmente, me puse al habla. Yo también tengo teléfono y la costumbre...
-¡Vaya conflicto!
-Crea usted que lo siento de veras.
-Claro que si le pido que deje ahí todo y vaya a entregarse a la comisaría más próxima...
-No; no lo haría...¿Para qué engañarle?
-Al menos, dígame: ¿se lleva usted mucho?
-No hablemos de eso; una porquería. Perdone si le ofendo, pero ese amigo suyo no tiene nada que le quite a uno de cuidados.
-¡Hombre, no me diga...!La escribanía de plata es maciza y valiosa...
-Ya está en el saco, y el puño de oro de un bastón y dos gabanes de invierno. Nada. No es negocio.
-¿Vio usted una bandejita de plata que debe de haber en el comedor, con unas flores en relieve?
-Sí.
-¿Está en el saco?
-No. Las otras, sí;pero apenas tiene un baño; es de metal blanco.
-Bien; pero no negará que es bonita.
-No vale nada.
-Llévesela usted.
-No quiero.
-¡Llévesela usted idiota! ¿No comprende que si la deja van a darse cuenta de que no es de plata? Y... se la he regalado yo.Llévesela.
-¡Vaya, señor! Siempre me pareció que Garamendi presumía demasiado. Ahora que... la alcoba de la señora, de esa sí que dicen que es un estuche, ¿verdad? Garamendi afirma que le costó una fortuna. ¿Cómo es, cómo es?
-Lo que encontré ahí fueron pieles bastante buenas.
-Lo creo. Tiene una capa de renard.
-¿Le gustaba a usted?
-Le gustaba a Albertina, mi novia. Un día vimos a la señora de Garamendi con su capa y Albertina no habla de otra cosa. Creo que me quiere menos porque piensa que nunca podré regalarle unas pieles de zorro como esas.
-¿Quién sabe? ¡Caramba! No hay que amilanarse.
-No...nunca; es bien seguro...
Un silencio
-Oiga..., señor.
-Dígame.
-Si usted me permite, yo tengo mucho gusto en ofrecerle esas pieles...
-¡Qué disparate!
-Nada... Me ha sido usted simpático y...
-Pero...¿cómo voy a consentir...?¿Va usted a quedarse sin ellas por...?
-No se preocupe. Yo ya tengo las otras, y no va a ser uno más pobre...
-¡Ea, que no!
-Bien; pues entonces se las ofrezco a Albertina. Ahora no podrá usted rechazarlas. Piense en la alegría que tendrá...
-Sí; eso es cierto...
-¿Adónde las envío?
Le di mis señas.
-¿Manda usted algo más?
-Nada más. Y muy reconocido. Que termine <<eso>> con suerte.
-Gracias, señor.



Comentarios
sr. partner - hace más de 12 años
Jajajajaja! Nunca había leído esto y es muy original! :D
partyflipa - hace más de 12 años
¡Jojojojojo! Muy bueno. Si encuentras más, ¡comparte! ¿Sabes si hay un libro con más? :)
prisionera de la ωeb - hace más de 12 años
No lo sé, buscaré información. Esta historia la saqué de mi libro de lengua del instituto, lo vi y me gustó. Y ahora la veis aquí:) Si encuentro más lo publico, por su puesto!!!
partyflipo - hace más de 12 años
Me ha gustado, muy divertido XD
prisionera de la ωeb - hace más de 12 años
Creo que tiene moraleja, sí, es esta: "No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy". No, no...esta no era...Tiene moraleja, pero no sé textualmente cuál es. Lo que sí sé y he visto es que esta historia expresa la desconfianza del autor en la naturaleza humana. (?)
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