Nunca más.
No se siente más que un profundo oscuro. Y una mano que te empuja hacia abajo, como un peso enorme que te invade la mente. Desmeleno por completo frente al espejo, frente a unos ojos descosidos por tantas drogas y manías. Las hojas caían de los árboles año tras año, y Ella... Ella no soltaba prenda. Cuando la única solución era atar los problemas al cuello, y su cabeza daba más vueltas que una ruleta, Ella escuchaba la voz de su cabeza, esa que le decía "hazlo". "No quedan más salidas, es mi último suspiro antes de..." decía Ella. Los días se escapaban, y su vida iba con ellos. Iba directa a chocarse contra su propio destino, mientras, las palabras, ya no valían nada. Ella quería ver realidades que le ayudasen a cambiar de opinión, realidades que por un momento, serían responsables del final de una historia nunca contada. Y siguió esperando mientras el frío de un invierno más triste que Ella entraba por las ventanas, hasta llegar a la última de sus entrañas. En aquella situación, no podía tomar ninguna decisión, no sería justo ni para ella, ni para sus principios. Tenía la fuerza y el coraje de un alma libertaria, un alma incansable, irónicamente cansada por las injusticias. Estaba a punto de cometer el mayor error de su vida, un error irremediable y -en ese momento- muy asequible; el suicidio. Ella estaba cegada por los prejuicios de una sociedad machista, capitalista e injusta. Una sociedad de la que ella no se sentía parte, no se sentía identificada con el sistema en el que le había nacido, y no quería que un hombre, al que había dado todo, tomase su palabra y libremente decidiese por ella. Pero quedaba menos que nada dentro de ese cuerpo inerte. En cambio, por fuera, seguían las marcas del dolor, de la rabia, de las noches llenas de gritos e histeria. Sentada junto a una foto rota recordaba como las palabras salían de su boca como puñetazos, inundando el color de sus ojos, difuminando esa sonrisa que solía haber en su cara. Y sentada en el mismo sitio, junto a la misma foto, se dio cuenta. Se dio cuenta de que todo aquello no había sido su culpa, de que siendo lo que había sido ella, haber llegado hasta ahí era retroceder cincuenta años en el tiempo. No se perdonó haber perdido parte de su vida siendo una mujer maltratada porque sabía que, si ella lo hubiera querido, nada de aquello habría pasado. No era lícito tener que sostener todos los insultos que tapaban en su cabeza la gran personalidad que antes le hacía evadirse. Había olvidado quién era, la fuerza que tenía, y el valor de su vida. Pero nunca más permitiría algo así, un crímen contra su persona y el haber perdido toda confianza con el mundo. No había otra solución que desatar los problemas y llevarlos al mar, donde, por fin, serían desvanecidos.




Comentarios
partyflipa - hace más de 11 años
Bufff... qué relato de sensibilidad, rabia y coraje. Me gusta la decisión que toma al final. Pero algo que le diría a la protagonista: aunque te fastidie la situación a la que has llegado, tú no eres la culpable. No te reprimas por haber aguantado. Tú lo estabas intentando. Has intentado creer. Tú no has maltratado. Sigue andando sin esos miedos, lejos del maltrato... y sin que ese pensamiento de culpa te nuble.
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