Nightmare in hope.
Era una noche fría. Sin lugar a dudas, la noche más fría vivida en tiempo. La escarcha se había hecho con las ventanas. El vaho dejaba marcas en loa cristales de las casas y de los coches. Si, aquellos cristales que pintas con dibujos porque es divertido. Puede que estuviera tu marca. Tu huella. O puede que no.
Era la tercera casa de la calle. Una casa blanca, poco ostentosa. Sencilla. Puede que un poco más grande que la tuya. O no. Puede que con más muebles. O con menos. Quién sabe. Quién verdaderamente sabe.
Ella se mantenía en pie en su habitación, mirando apática por la ventana. Esperando que pasase el tiempo. O tal vez simplemente esperaba desvanecerse como un suspiro de realidad irreversible. O tal vez, no esperaba nada.
Ella miraba, callada, sumida en un profundo silencio, como si estando en ese estado fuese a ayudar en algo. Como si aquel silencio sepulcral, acabase escondiendolo todo. Pero, ¿acaso no somos las personas, las que sin decir nada mostramos todo? ¿Acaso no son las palabras vacías la que de repente, encuentran un sentido al rompecabezas que llamamos inconexión?
El frio de cada mañana, el silencio de cada noche. La luz titilante de las farolas, el constante reflectar de la luna en un fondo negro. Las calles mojadas y la soledad en un solo sentido. El que todos les damos cuando lloramos por las noches. El que le damos cuando cada día, vemos una realidad que odiamos a muerte pero soportamos como personas valientes. Que sobrellevamos sin superar nada de lo que pasa a nuestro alrededor. Lloramos sin sentir. Respiramos sin querer. Simplemente existimos. Estamos quietos mientras que el tiempo avanza como gran cabrón, dejándonos atrás, sin esperar una recomposición. Existimos sin existir.
Una vez yo creí también en los finales felices. En los cuentos de hadas. En el sentir que estaba viva. Ella también lo creyó. Y en aquel momento, mirando por la ventana, esperando que el sonido de las calles, el frio de la noche y la propia vida acabe, pensaba que, perdida en el tiempo, ya no sentía nada. ¿Acaso podemos ver algo más de lo que hay?¿Podeemos llorar sin conocer las razones de nuestras lágrimas?
Y entonces se levantó por primera vez en días. Se estiró un poco y danzón hasta ser capaz de acercarse a una estanteria y simplemente pasó la mano por sus historias. Sus libros. Las cubiertas y letras que los recubrían con brillantez.
Un cúmulo de sensaciones venido desde la más profunda de esas escondidas páginas. Las palabras, los sentimientos fundidos en letras repetidas por voces salidas de nuestra mente, que aclaman en silencio el odio, la ira, el amor que algunos ni siquiera saben que existe, o que no quieren creer en él.
El amor de personajes que en la vida real no se han podido filtrar, que no han podido tomar su realidad y consumirse como el propio tiempo, desgañitando las gargantas y las hojas junto con las encuadernaciones de los libros viejos. Ya no es solo Elisabeth Bennet desairando a Fitzwilliam Darsy, ya no es Catherine Earnshaw acallandose por Hearthcliff, ya no es Romeo muriendo por Julieta. Cada caso es diferente.
Cada amor puro y sensacional es verdadero, sencillo a su manera. No peleamos por lo verdadero. Peleamos por aquello que creemos conveniente. Pero hay veces que las personas pierden su sano juicio y se dejan llevar entre mareas misteriosas, hasta cubrir sus espaldas con aquello que siempre te protege. Un amigo, una familia, un amor profundo que ni el naufragio más catastrófico pueda alejar de la hecatombe a la que denominamos vida.
Puto amor. Dirían algunos que es tóxico, que no es necesario. Nadie sale indemne de él. Pero ¿sabéis? Yo pensaba igual. Hasta que he releido unos cuantos libros estos dias. Y he reflexionado. ¿Quién sería el señor Darsy o el gran Gatsby sin sus bellezas? ¿Quién sería Emma sin pelear? ¿Quién sería Hearthcliff sin tener aquella habitación con los nombres de su amada?
Y la pregunta más profunda. ¿Quiénes seríamos nosotros? ¿Qué seríamos? Puede que ya no entendamos la música como antes porque no escuchamos. Como aquellos que rompían sus instrumentos cuando un buen amigo moría o cuando alguien faltaba en su vida.
Como dijo una vez, san Agustin, porque nos maravillamos que otros, sujetos a la muerte, vivieran, ya que aquellos a los que nosotros amábamos como los que nunca debieron morir, estaban muertos, y nos maravillamos aun más de que nosotros mismos, pudiesemos vivir, habiendo muerto ellos. Bien pueden decir otros "eres la mitad de mi alma porque nuestras almas son una en doscuerpos" y, por tanto nuestra vida se convierte en un horror para nosotros.
Porque vivimos a medias. Y al mismo tiempo, tememos morir, no fuera aquel que tanto amamos muera por entero. ¿Qué es ese sentimiento, si no querer de verdad , luchar por la profunda desesperación de salvarte o ser salvado? Había creido en sentimientos ridículos, pero gracias a ellos, ella comprendió algo. No se puede respirar a través de las páginas, de su papel, a través de otro. Porque sabiendo que existe algo más verdadero que eso, puedes luchar. Ni el mar más embravecido pararía tu barck. Y como dijo Sarah Williams, aunque mi alma se ponga en tinieblas, se alzará en perfecta luz. Amando mas estrellas para ser temeroso en la noche. Temiendo la realidad. La peor pesadilla para ti, para mi, para ella.
Y ella, sin embargo, entre tantos espejos de mentiras, entre tantas sensaciones de vacio, no se arriesgó. Bajó la mano, caminó decaida hasta el alfeizar y suspiró. El tic tac del reloj marcaba las cuatro de la mañana. Y allí estuvo.
Se quedó mirando, la profundidad del fino cristal de la ventana hasta que, al final, al igual que los sentimientos que representaba, ella también desapareció.




Comentarios
rulparty - hace más de 7 años
¡Qué maravilla! Me encanta leerte. Pero si, además, propones acompañar la lectura con una música tan sencilla a la par que sensible y envolvente, convierte el momento en algo muy especial.
Gracias por cargar tu blog de lecturas tan de dentro y tan especiales.
¡Sigue, sigue! 😀