Lo inevitable: Capítulo 16 El avance que retrasa
Conseguimos cazar lo suficiente como para cenar por última vez, según tengo asumido. Todo me da vueltas mientras Brutus y yo, en silencio, continuamos con la rutina de supervivencia que nos ha hecho llegar hasta aquí. Sin aliados ni nada duraremos poco y además, dos profesionales contra 5, 6 si contamos a Chaff, lo que iba diciendo estamos perdidos. Deben de ser las 18.00 por la luz y por la cantidad de pruebas suicidas que han puesto. Decido dormir.
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Prado verde. Una chica con el pelo oscuro corre por él con un cinturón con cuchillos y ropa ligera. No debe tener más de 15 años. Un chico del mismo todo de cabello y con ojos claros corre junto a ella. Ríen y juegan. No saben lo que les vendrá encima en unos años. El sol hace que el distrito 2 se vea bonito. La iluminación aparta la parte tétrica de un lugar que, de no ser por los juegos y el Capitolio, sería popular. Siguen corriendo. Esbozando sonrisas. Cuando llegan a lo alto de una colina se quedan mirando el árbol que indica su fin. El chico, cauteloso, la mira y escribe en el tronco. Las marcas hacen diferenciar el oscuro tronco de unas letras suaves sobre él. El chico, cautelosamente, escribe sus iniciales y las de ella en el árbol. Se gira y la mira sonriente. De la nada, otro cuchillo sale de entre los arbustos, dándole en el pecho y provocando que la sangre manche su camiseta azul. La niña grita dejándose caer al suelo.
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Abre los ojos y se encuentra en un sitio cerrado. Aporrea las paredes y pide auxilio. Nada resulta. Las paredes son espejos y se ve distorsionada. Parpadea varias veces pero no consigue escapar. Los cristales empiezan a romperse gracias a ruidos. Ruidos fuertes y potentes que estallan en su cabeza. Las personas muertas en la arena aparecen. Entonces lo entiende. Cañonazos. Su mente sigue en la arena. Nunca ha abandonado ese lugar. Su cuerpo se tensa, al igual que sus cuerdas vocales. Y grita.
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Sobresaltada me levanto mirando a mi alrededor muy asustada. Esas personas, todas y cada una de sus respiraciones, de sus palpitaciones, estaban en mis manos y acabé con ellas. No tenían esperanza. Y yo tampoco. Brutus duerme como un tronco. Confío en que con el paso de los años haya llegado a aguantar las pesadillas pero, tras tantos años sin haber pisado este lugar,aun así, mi cabeza no logra formular ningún pensamiento claro. Tengo miedo y en el único sitio donde puedo expresarlo es en mis pensamientos.



Comentarios
_dennaselen - hace más de 10 años
Qué hay nefilims, tributos, divergentes, potterheads, semidioses y criaturas literarias de la red? Yo soy Selenita y en este comentario pido perdón por el retraso de enviar este capítulo. He estado trabajando en otros proyectos que me gustaría compartir muy pronto con vosotros y creo que os puede gustar. Un beso de vuestra gran amiga Selenita!!