Nada

Un suspiro silencioso y frio llena mis pulmones. Una mirada llorosa con las mejillas empapadas de dolor. Un infierno que nunca debería haber visto, en el que nunca debí haber entrado. Recuerdos divagantes gastados en copas del alcohol más caro solo para entender que el olvido no existe, solo es el nombre completo de lo que nos desagrada revivir.
Sangre que corre por mis venas hasta el punto de hervir en un odio profundo, veneno gélido llenando mis propios latidos con gritos y sonidos que quiero acallar con la fuerza inexistente de mis brazos dormidos. El tiempo rencoroso que hace sufrir incluso al más apiadado de los humanos que pisan la Tierra.
Un dolor inaguantable que como cristales puntiagudos y rotos rajan la superficie de un cuerpo agotado, simple y mundano. Un dolor que no calman ni los gritos.
Esas manos débiles que se contentan con no hacer nada, dejando que la tortura haga que los lamentos sean más desquiciantes, más vacios, más solitarios...
El corazón que bombea una sangre intoxicada por la rabia, el dolor que nunca supe que sería.
Sola y nada. Nada que decir, nada que hacer, esperando que la vida se marche dejando su vejez tras de si, esperando que cada segundo que se suponía que merecía la pena se volatilice como la esperanza. El amor tansformado en odio.
En un odio que hace que tu cuerpo se inmovilice y que no seas capaz de pensar con claridad.
Un odio doloroso e infeliz.
En lo que tu me has tranformado.
Esa esperanza anhelada de que me fuera, dejandote a merced de ti mismo y confiándote un tiempo irrecuperable. El camino andado que no hay marcha atrás y que al dar la vuelta me choco con un muro que no se puede derribar, con la nada abrumante que se traga hasta el ultimo de mis suspiros. Mis exhalaciones de desesperanza.
Y ahora me marcho, pensando en cuantos sentimientos tengo acumulados, en como mi corazón bombea la sangre que has envenenado y como ahora, solo me acompaña lo que tu me has dado.
Nada.



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