Paranoia en clase

Mirando al vacío, al horizonte, a la nada. Perdido en la profundidad del abismo de sus ojos, salpica una sonrisa sincera, y olvida su rostro la melancolía de sus recuerdos, el hastío de su mente inquieta, que recuerda lo que echa en falta, trayéndolo de vuelta y dejando de lado, por un instante, la realidad de su vida. Levanta las manos, cubre su rostro, oculta esa sonrisa que ilumina su cara y el alma de quien la mira, pero no oculta el mar de sus mirada, que irradia la sobrenatural luz de la felicidad sobre el afortunado de recibirla. Se sonroja me pide que pare, mas yo no puedo apartar mi mirar de tal personificación de felicidad. Y sigo, en mi mente, narrando las perfecciones de tu imperfecta belleza, sin olvidar del imperfecciones de mi perfecta esperpentosidad.
Bienvenidos a mi verdadero estilo, el estilo tan "pastelosamente pedante" de un necio "escribidor" (como diría el reciente Nobel Vargas Llosa), que suele tener su vida cogida con alfileres a su corazón, que va dando tumbos hasta caer por los suelos, sin poder disfrutar del viaje, pero bueno, eso es otra historia, y esta es la historia de un instante en alguna de las monótonas clases que recibo a diario, en el que me giré y vi a una compañera. Es un intento de descripción, que siquiera se acerca a lo que fue, pero bueno, aquí la comparto con vuestras ilustres mercedes.



Comentarios
No se pueden incorporar más comentarios a este blog.