Viento de carbón

Aún humeaban algunas casas en la negra ciudad que se alzaba ante mis ojos. El ambiente tenía el peculiar olor del fuego, que se me pegaba en la nariz y no me dejaba casi respirar. Silencio. Mi cabeza no podía imaginar el presenciar la tragedia. Seguí caminando, por las carreteras repletas de escombros que escondían lo que antes eran coches, señales, papeleras, farolas... Más silencio. Sin detener mi paso, veía el caos. ¿Por qué nadie ayudó? Ya se hablaba de complot. ¿Por que habría ido yo allí? Me estremecí cuando, tirado en el suelo, en medio de la calle, vi lo que antes fue un hombre, totalmente calcinado. Ni el viento se atrevió a murmurar nada. No detuve mi paso, camino a mi antiguo hogar. Vi más de un cuerpo inerte, bajo escombros atrapado o en medio de la calle, posiblemente tratando de huir de ese infierno. El viento comenzó a silbar. Ya estaba en la esquina.
Me detuve. El miedo por no saber nada de mis familiares me hizo plantearme posibilidades que no me hacían gracia, la verdad. Contuve el aliento y caminé los escasos treinta metros que me separaban del portal, ahora reducido a cenizas. volví a pararme. Respiré hondo, y empecé a buscar indicios de ellos. Separé las piedras de la entrada y pasé. Ahí estaban los rescoldos de toda una vida. Subí al segundo, donde vivía. La puerta estaba tirada, carbonizada. Me temí lo peor. Entré. todo estaba como hace seis años, todo menos ellos. Silencio. Revisé la casa, palmo por palmo, al tiempo que mi cabeza se iba inundando de recuerdos. Mi familia, mi infancia, mi hogar. Una lágrima bajó por mi impasible rostro. Cada muro, cada cada objeto, cada centímetro de ese piso tenía una historia, dieciséis años de historia, sólo por mi parte. Mi hermana, mi hermano, mis padres, abuelos... Todos ellos pasaban por mi cabeza en ese instante. De nuevo el viento.
Un relato un tanto triste, sobre una ciudad en ruinas, recién quemada, en el que vuelvo a mi casa. Es una metáfora de las que le gustan a un buen amigo "mareero", que dice que a veces nos alejamos tanto de lo que tenemos creyendo que siempre estará ahí, y cuando nos damos cuenta, ya no está, y es posible que no vuelva a estar. La enseñanza que saco: Cuida lo que tienes, y no intentes abarcar demasiado, que "el que mucho abarca poco aprieta", y ya sabes que "más vale pájaro en mano que ciento volando", que dicen en mi pueblo. No es lo mejor que he escrito, pero ni de casualidad, pero me gusta, y eso es lo que importa, que me guste, y que tenga algo más que una bonita presentación, o muchas palabras raras o... Que se yo. Si hay algo detrás de las palabras, ya no son sólo palabras.



Comentarios
Isabel - hace más de 15 años
Encontré tu ventana por casualidad y decidí asomarme. Y me encontré con una ciudad en ruinas que me recordó una frase que leí hace poco: "Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran." Es de Saramago. Te la dejo en trueque a lo que tú regalas y espero, sigas regalando :) Isabel.
un tal carlos - hace más de 15 años
Muchas gracias, Isabel. Me es muy grato saber que te ha gustado, pero me es mucho más grato leer esa realista frase de don José Saramago. Espero no defraudar tus esperanzas en el siguiente texto que escriba. Muchas gracias, de veras no sabes lo bien que me haces sentir con las cuatro líneas que compartes conmigo. Un saludo, Carlos.
partyflipo - hace más de 15 años
Jo, ya me he enganchado a tu blog ;`-)
un tal carlos - hace más de 15 años
entonces tendré que seguir subiendo cosillas, jeje
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