Enseñando a aprender, aprendiendo a enseñar (Parte 1)
La puerta se abrió, y entró un señor de baja estatura, a medio afeitar, con una larga melena y vestido en chándal. Antes de sentarse en la silla, inspiró, cerró los ojos, dio dos golpes secos en la mesa y una vez relajado, tras acabar su extraño ritual, se sentó y abrió su libro. Pensaba que ahí acabaría mi sorpresa, pero cuando comenzó a hablar, entendí que no. Su tono y volumen de voz era irregular, de vez en cuando gritaba como un loco, para, según contaba, “despertar del letargo a los distraídos o dormidos”
Pero lo que más me impresionaba era su forma de enseñar. Comenzó la clase con estas palabras:
-”Hola chicos, me presentaría, pero hay que aprovechar el tiempo. Bueno, en realidad me llamo Edu, y no tengo coche, pero os voy a Edu-car.
Qué chiste más malo. Nos reímos por compromiso, aunque esperamos que no se notara.
- “Sólo os diré que, como el resto de los años, os han timado otra vez. Mira que gastaros 60 euros en un libro para luego no dar ni quince páginas a lo largo de todo el curso... Pero, no os preocupéis, esto no os va a pasar conmigo. Nosotros no daremos ni quince páginas”- dijo mientras lanzaba el libro por la ventana que estaba abierta.
El profesor me empezaba a caer bien, aunque yo no lo lancé mi libro, me encanta el olor a libro nuevo...
El profe continuó la clase:
“Estamos en Bachillerato, ¿verdad? Así que las sumas las debéis controlar...
- ¿Quién quiere hacer 2+3+8 en la pizarra? Todos levantaron la mano.
El primero que lo haga se lleva el positivo.
Todos corrieron, yo incluido, y hubo treinta segundos de peleas, manos por un lado, piernas por otro... Al final, un chaval logró hacer la suma, ya que era el más alto de la clase y aprovechó para hacerla en el borde de la pizarra.
- Admiro vuestro entusiasmo por las matemáticas. Ahora debéis demostrar este mismo entusiasmo.
Con esa tontería, una simple suma en una pizarra, nuestra actitud había cambiado con respecto a la clase.
-”Abrid el libro por la pág. 225”
- Pero profe- saltó el típico alumo tiquismiquis- si esa es la última página del libro.
- ¡Exacto! Sois la única clase que puede decir que ha llegado a la última página del libro el primer día de curso.
- Vale, pero aquí no hay ejercicios, sólo información sobre la editorial.
- No sabéis apreciar el trabajo. En las películas sólo se fijan en los créditos las personas cuyo nombre aparece en ellos. Pero sin las personas que aparecen ahí no podríais disfrutar de la película. Vuestra educación es mucho más importante que ir al cine. Por eso, vamos a leer los nombres de los que os van a ayudar (o a fastidiar) en este curso. El de la camisa azul. ¿Cómo te llamas?
-
Claudio
-
Vale, prefiero llamarte “el de la camisa azul” Pero no te cambies de camisa en todo el curso, si no le quitas la gracia. Empieza a leer
-
Edición: Cancionila Martínez Fuagrás, Alejandro Camino Grande, Marco Gol
Después de leer todo varias veces y casi sabérnoslo, sonó el timbre. ¡Menos mal! La cosa había empezado bien, pero después se había convertido en el tostón habitual de otros años.
Recreo. Nunca había vivido esta sensación, pero lo cierto es que casi me apetecía más seguir dando clase que irme a jugar afuera. Me levanté y recogí mis libros. A medida que los iba metiendo en la mochila, pensaba en qué me depararían las clases venideras. Al cerrar la mochila, una cremallera salió disparada a escasos milímetros de mi cara. Otra cremallera rota. Ya van tres. Es lo que tiene llevar la misma mochila desde sexto de primaria.
Este era el primer año en el que me dejaban salir fuera del instituto a la hora del recreo. Me sentía muy guay, libre, pero no estaba acostumbrado a esa libertad. ¿Qué podía hacer? Había sido demasiado lento y no veía a ningún chico de mi clase, así que tenía que buscar una manera de distraerme. ¿Los columpios? Soy demasiado alto. ¿Jugar al fútbol? No había nadie en las pistas. ¿Ir a mi casa? No me daba tiempo. Me tumbé en el césped de un parque mirando a las nubes, y cuando volví a abrir los ojos estaba nublado... Y hacía más frío. ¡Me había quedado dormido! Al menos sólo me había perdido una clase.
Al volver, estaba de nuevo el mismo profesor que antes del recreo, con una mirada infinita hacia ninguna parte. Sí, era bastante rarito.
Me acerqué a él y le dije:
-Oye, nos toca música.
- Llegas tarde.
- Sí, es verdad.
- Muy bien, el primer paso es admitir tus errores. Anda, a tu sitio.
- Pero ¿y el profesor de música?
- Profesora. Un respeto. Ahora viene.
- ¿Y qué haces aquí? ¿No tienes clase?
El profesor se esfumó, y unos minutos después llegó la profesora de Música. Justo antes, mientra salíamos a los pasillos a curiosear pese a que estuviera prohibido, me llamó la atención que no había ni un sólo profesor, nadie se había movido de una clase a otra. Tampoco me importó mucho, porque me tuve que volver a clase corriendo cuando vi la sombra de la que resultó ser mi profe.
Oímos la melodía de la canción de Star Wars. Ahí vimos a la profe, sentada en el piano. No era muy agraciada, pero parecía buena persona. Sus dedos se deslizaban por el piano con una velocidad brutal, y nos dejó a todos estupefactos.
Cuando acabó de tocar, aplaudimos durante dos minutos, como tras algunas actuaciones de ópera (a Plácido Domingo le aplaudieron durante 80 minutos, y tuvo que salir 101 veces a saludar)
Al acabar los aplausos, seguía sonando la canción de Star Wars. Pero la profe ya no estaba en el piano. Había hecho playback. Demasiado bonito para ser verdad.
- ¡Chicos, hola, aquí! Soy vuestra profe de música. Y por si acaso, música no es musa en andaluz (musica), es algo tan grande, tan grande, que una simple definición no puede contenerlo.
¿Otro chiste? Ya iban dos hoy. El caso es que esta profesora me recordaba a alguien...
- Vamos a ver. La creatividad es muy importante. ¿Qué es esto?- preguntó mientras dibujaba cinco líneas paralelas en la pizarra.
- Un pentagrama. Respondimos al unísono.
- Pero este no es un pentagrama cualquiera. Aquí hay que romper las reglas.
Al ver a un alumno a punto de romper su libro de Música, le explicó que no era literalmente.
Demasiadas coincidencias: chiste, liarla con el libro...
- Este pentagrama es especial. Es vuestro. Puede ser un Alexgrama, un Mónicagrama, o un Supercalifragilisticoespalidosograma... Lo que queráis. Simplemente tenéis que:

Una doble clave de sol, una estrella, una cara y una flecha. A continuación interpretó la melodía, abanicándose dos veces, dándose un golpe en la cara, y gritando a lo David Bisbal.
Estaba loca. Como el otro.
Para mañana, cread vuestras propias partituras. Cada figura tendrá un significado especial para vosotros.
Y así pasó el día, como estábamos en junio salíamos una hora antes, así que sólo nos quedaba la clase de Informática, en la que el profesor no se presentó sino que nos habló por Skype y nos mandó de deberes que buscáramos por qué el ordenador no ordena tu habitación si es ordenador.
A las semanas de clase el mundo estaba demasiado raro. Y todos mis profesores también. Ya no existían las asignaturas tal y como las conocíamos, todo era diferente. En dibujo pintábamos por las paredes, en lengua veíamos los tipos de lengua (bífida...) o contábamos cosas de los demás para 'irnos de la lengua'
Sólo el recreo se mantenía a salvo, y eso porque nos podíamos ir del instituto. Mis profesores eran peor influencia que mis compañeros, y eso ya es decir.
Tenía sentimientos encontrados: por un lado me encantaba hacer las cosas de esa forma, pero tenía una extraña sensación de pérdida de tiempo. Pedí una cita con el director para hablar del profesor. Curiosísimamente, siempre estaba ocupado. Mi madre puso una denuncia, y tan pronto se enteró, el profesor me llevó a la biblioteca y habló conmigo.
- Dani, debo decirte algo.
- Dígame.
- Estos últimos meses el instituto ha tenido problemas. Tenemos problemas de personal, y bueno... que sólo estoy yo. Probablemente no te hayas dado cuenta, pero yo estoy dando todas las asignaturas. El gobierno no me da subvenciones, esto lo creé yo y yo lo tengo que mantener. Pero sólo no puedo. Por eso, necesito que seas profesor.
- Pero si no tengo ni idea...
- Calla. Perdón, cállate, por favor. Así mejor, ¿no? Bueno, mañana te incorporas, recuerda venir quince minutos antes que los alumnos para poder preparar todo tranquilamente.
- Pero..
- Tranquilo, sacarás matrícula en todas las asignaturas.



Comentarios
supercalifragilistica - hace más de 9 años
Ay, un supercalifragilisticoespialidosograma.....! Me encanta!!! En un Ies así habría disfrutado hasta yo...
No se pueden incorporar más comentarios a este blog.