Enseñando a aprender, aprendiendo a enseñar (Parte 4)
- Buenos dias, soy el inspector.
- Ah, no le esperaba. Qué grata sorpresa.
- ¿No me esperaba? ¿Y cómo que la puerta se ha abierto sola? ¿Dejáis pasar a cualquiera? Un 0 en seguridad.
-
¡Espere! ¡Era broma! Tenemos un detector de infrarrojos que detectó su chapa de inspector.
-
¿De qué chapa habla? Desde el año pasado ahora llevamos carnet. No me haga enfadarme más, y enséñeme las instalaciones.
Empezábamos mal.
-
Mire... justo es la Semana Cultural, y estamos haciendo una exposición sobre los inspectores. Qué casualidad, ¿verdad?
-
Sí, curiosa casualidad. A ver, enséñeme
-
Aquí tiene un martillo. Quizás se preguntará qué tiene que ver esto con los inspectores.
-
Quizás que una mala crítica de un inspector puede ser un golpe muy duro. Y de martillo, golpe.
-
Buena asociación, pero lo siento, respuesta incorrecta. ¿Cómo se llama el dios con martillo en la mitología nórdica? Thor. Por eso, inspec-thor. Nadie puede levantar el martillo de Thor excepto él, así que no somos quién para oponernos a sus decisiones.
El inspector sonrió y dijo.
-Muy bien, muy bien. Prosiga.
-
Aquí tiene unos cuantos discos de una banda de los 70 que se llamaba Inspector. Puede escucharlos si quiere.
-
Tengo poco tiempo, así que mejor continúe. Tengo catorce institutos más que visitar en todo el día, y si todos se enrollan tanto como usted, no acabaré hasta la semana que viene.
-
Disculpe. Por último, este es el mejor inspector del mundo, el que probablemente será un referente para usted.
-
Espere... Se refiere a Howard Mokimor, ¿el considerado mejor inspector de todos los tiempos por su pulcritud, eficacia y amabilidad?
-
No exactamente... Hablo del Inspector Gadget. Es el mejor del mundo. ¿No le gustaría ser como él?
-
Ejem... Supongo.. Pero, ¿y los alumnos?
-
En esta sala, pase, por favor.
De camino por los pasillos, fui respondiendo a sus preguntas.
-
Como no se puede fumar, los profesores de inglés prohíben llevar smoking. […] Sí, de todos los años que llevo este está siendo bastante intenso. […] No se preocupe, ese siempre se tropieza (sabía que no tenía que haberle dado el cargo de Plástica al más torpe de la clase, casi se clava el compás en el trasero)
Al abrir la puerta, allí vio a los alumnos. Parecían muy normales, pero hubo un pequeño fallo. Funcionaban con energía solar, y en el momento en que pasó el avión de las doce... se desplomaron. Multitud de chispas, saltaron, y el inspector, indignado, se marchó gritando.
-
¡Espere! ¡Aún no he acabado de...!
-
Vaya despidiéndose de su instituto... Si es que se puede llamar así.
Me habían cerrado el instituto. Pese a todos los esfuerzos que hicimos, no lo pudimos evitar.
Estaba desolado. Sentía que le había fallado al que me pidió ayuda. No estaba preparado para tantas responsabilidades... Era demasiado para mí. Por ello, decidí empezar de cero.
La noticia voló (me subí el periódico al avión)
No podía pensar en otra cosa. Nunca me había importado la educación, pero es que de mí dependían cientos de niños. Y les había fallado. Fui a la ermita abandonada del pueblo a relajarme. Me encantaba estar allí, no tanto por la ermita en sí sino por el paisaje que la rodeaba. Primavera: alergia al polen y alegría combinados. Estornudos felices, como digo yo.
Me quedé dormido hasta que anocheció.
Al despertarme, me sentía más cansado que antes de dormir. Entonces decidí que, si había conseguido hacerme pasar por profesor, podría perfectamente salir del paso para conseguir reabrir el instituto. Entré a una asesoría, donde me dieron tres kilos de papeles y me explicaron sucintamente los pasos a seguir para denunciar el caso con éxito.
Pero no podía tomármelo a la ligera. Por eso, decidí practicar haciéndome pasar por otra gente. "Tienda de bromas Chopiclack" - vi una tienda a lo lejos. Entré y cogí un poco de todo. Cuando me acordé de que sólo llevaba un euro encima, me quedé con una colonia caducada. ¿Qué podría lograr con una colonia caducada?
Nada más salir, me encontré con un viejo amigo:
-¡ Hola tío! ¿Cómo va todo?
- Pues nada, aquí estoy. Y tú, ¿qué haces?
- Nada, aquí saliendo de la autoescuela.
- Ya te veo.
- Bueno, pues... nos vemos
- Vale
Quizás fui un poco seco, pero la verdad lo que menos me apetecía era hablar en ese momento. Entré a la autoescuela y expliqué al tipo que estaba allí que vendía un ambientador que haría que más gente entrara a su autoescuela. Me tapé la nariz por si acaso, y apreté el spray de la colonia. Pobrecillo, inconsciente. Bueno, efectos secundarios de mi fantástico plan.
Ahora era yo el profesor de autoescuela. Supongo que tantas tardes viciado al Mario Kart, o al Need for Speed (juegos de consola de coches) me valdría la pena. Me encargué de que aprobaran a mi amigo y hojeé el manual de autoescuela.
Vale, acelerar, frenar...
Las campanitas que había colgadas en la puerta del local tantanearon.
-¡Hola! Venía a por la primera clase
- Eeeeh... Espere un momento.
Sí, lo admito, tenía un problema.




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