Supergiro-Komikaze (4)
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ESTABA VIVO Y ME-MORÍ
Qué mala noche pasé. Dar vueltas de un lado para otro no es agradable si no estás montado en una atracción, o en una hamaca, sino que tratas de dormir y no logras conciliar el sueño. Apenas pude pegar ojo. Además, los mosquitos me aman, así que cuando no daba vueltas me estaba rascando las picaduras que tenía por todo el cuerpo.´
Tuve una pesadilla terrible: mis padres me hablaban y me decían cosas que jamás habían pasado, como que era adoptado, que si no recordaba lo bien que lo pasamos ayer en familia, y cosas por el estilo que no recordaba, no habían pasado. Os parecerá tontería, pero eso me produjo sufrimiento.
Al levantarme, súper empanado como es lógico, pensé en algo que no sé como no se me había ocurrido antes. Tenía que anticiparme, en lugar de que ciertas situaciones me hagan averiguar mis poderes debo ponerme a prueba para tener más tiempo para disfrutarlos y aprender de ellos.
Así que cogí un montón de cómics y fui probando: no podía congelar cosas, teletransportame, tener superfuerza ni volar. Después de un buen rato de pruebas diversas y de darme cuenta de que tenía que habérmelo pensado mejor tras recoger los destrozos e ir al médico de urgencias, me fui a dar otro paseo.
Empezaba a descubrir un mundo nuevo llamado mi pueblo, del cual había lugares que nunca había visitado. Todo por culpa de los cómics. Sí, comicaze total, como decía hace tiempo. Podía respirar agusto, no me iba chocando con los muebles de la casa, ¡era libre!
Fui a explorar, y observé una zona oculta en unos matorrales donde había un montón de césped y unos chavales jugando al fútbol. Me daba rabia que el fútbol fuera el deporte rey y que dejara a un lado a otros deportes, e incluso que dentro del mismo fútbol se excluyera a las chicas, sólo televisando las finales de sus campeonatos y muchas veces ni siquiera. ¿Sabíais que hay Champions femenina? ¿Podríais decirme el nombre de tres jugadoras de fútbol femeninas? Y sin embargo, de los masculinos seguro que sabéis decenas.
Bueno, no sigo por ese tema que me estreso. Aunque sí que me gustaría tener habilidad para los deportes, lo cierto es que soy un desastre. A pesar de eso, me uní a los chavales, acaban de terminar el partido.
Me presenté:
Hola, me llamo Steven.
Vale, chaval, pues te toca hacer los equipos junto con Marquitos. Podéis sortear a piedra papel o tijera, a cara o cruz, veo-veo, pares o nones… como veáis.
Piedra, papel o tijera.
Empezad.
Nos colocamos en posición y:
Piedra, papel o tijera.
1-0
Piedra, papel o tijera
2-0
Yo iba perdiendo, nunca se me había dado bien ese juego.
Piedra, papel o tijera.
2-1
Piedra, papel o tijera
3-1
Qué iluso de mí… Pues no conocía a nadie y encima el otro elegía primero, así que se llevaría a los mejores. Elegí a mi equipo al tun-tún y di la mano a Marquitos en señal de amistad. Cuando le toqué, se estremeció. Yo, pensando que era otra de las estupideces que hace la juventud de hoy en día (qué viejo me siento al decir eso), le seguí el rollo y le imité.
Pero no se encontraba nada bien.
¿Y tu quién eres? ¿Y vosotros quiénes sois? ¿Qué hago aquí?
Me miraron todos asustados preguntándome que qué le había hecho, y yo apoyé la mano en el hombro de uno de ellos para tranquilizarle y le dije:
No te preocupes, mi abuela dice que debe ser un golpe de calor.
Cuando lo hice, a ese le ocurrió lo mismo. Decidí huír si no quería pasar de golpes de calor a otro tipo de golpes igual de peligrosos o más. Hiciera lo que hiciera, siempre la acababa liando. Menuda suerte que tenía últimamente. Ahora con sólo tocarle, se había olvidado de quién era él, sus amigos y yo. Se había olvidado… Amnesia...
Auch, qué dolor de tripa. No, otra vez, no. Fui al baño irremediablemente y al salir me encontré un proyector al lado de la puerta que estuve a punto de pisar. Lo encendí, y salió en forma de holograma un hombrecillo desfigurado, con la voz entrecortada por la calidad de la imagen como si fuera una peli antigua, y muy antigua,
“Cuidado con lo que deseas, jovencito. Esos dos chicos están deambulando por las calles por tu culpa. Todo es tu culpa. Han perdido la memoria. No olvides que un gran poder conlleva una gran responsabilidad”
Qué frase más vieja.
“Por cierto, eres bello” No pude evitar que el proyector se autodestruyera y dejara un olorcillo que me sirvió de cerilla, pues se habían acabado.
Colocando mi habitación, cosa que hago de muchos meses en muchos meses, y normalmente sólo cuando busco algo que mi madre “coloca”, dicho de otro modo, esconde en un lugar infranqueable, encontré una tarjeta de visita del museo “Cosmocaixa” Sí, un museo apasionante de divulgación científica, que cerró hace algunos años, desgraciadamente. Allí había una bola de plasma que nos recordaba la electricidad estática. Ponías el pelo y te lo atraía, sobre todo era divertido con las chicas de larga melena, parecía que aquello estaba vivo. Bueno, y yo que tengo mucho vello tanto facial como por todo el cuerpo, también montaba el espectáculo.
Decidí que ya era hora de tirar el panfleto, aunque una parte dentro de mí quería guardarlo pese a saber que era un simple recuerdo que no volvería a ver hasta dentro de mucho tiempo.
Las cinco y cuarenta y tres. Empezaba mi programa favorito. Decidí seguir colocando otro día, amontoné todo mal colocado y lo guardé. “Ojos que no ven, corazón que no siente”
Yo soy muy especial. Mientras hago alguna cosa, mi subconsciente va por un camino paralelo. Así, a veces estoy escribiendo un mensaje pensando en lo que voy a hacer esta tarde y escribo lo que voy a hacer esta tarde en vez de: “Hola, ¿qué tal?” Me suelo dar cuenta a tiempo, aunque una vez queriendo insultar a mi primo llamé tonto a un periodista del que tenía su número.
De modo que, mientras escuchaba los monólogos y sketches de la semana, mi mente divagaba en no se sabe qué. Y me trajo a la mente aquella desconcertante palabra del holograma que estaba al lado de la puerta del cuarto de baño.
“Eres bello” A ver, soy un tío normal, tengo pecas y espinillas como la gente normal, y mi cara pues es aceptable, tampoco soy Mister Universo, pero no hago daño a la vista (creo). Aún así, ¿a cuento de qué venía relacionar mis atributos físicos con la advertencia de precaución al utilizar mis poderes?
Esto me sonaba. Mi profe de Lengua me había enseñado que había acrónimos, anagramas, caligramas… Quizás esa palabra o frase tenía un doble significado.
Bello. Abrí mi cuaderno de Matemáticas del año pasado, que no estaba ni a la mitad (yo trabajo pero mentalmente), arranqué las hojas con rollos de derivadas y matrices y escribí la palabra en todos los tamaños y en todas las direcciones. Creo que era como contar ovejas antes de dormir, aburrido y poco efectivo, al menos en mi caso. Como suelo ser desordenado (creo que ya lo he mencionado), en el cuaderno de Mates también tenía otras asignaturas. Recordé mi asignatura favorita: Lengua y la sintaxis. Mi madre es taxista, y mundo sin-taxis la dejaría sin trabajo. Atención: que ese chiste es de mi propia profe. No me recriminéis nada.
En uno de los borradores había una de las frases que me mandaron para analizar en clase, de las pocas que tenía corregidas y bien:
“La conducta es un espejo en que cada uno muestra su imagen” (von Goethe, poeta)
Pues qué bonita frase. En definitiva, que el espejo sirve para mirarse. Eso hice, me miré en el espejo de arriba abajo, comprobando si verdaderamente era bello. Y bello, lo que se dice bello… Podría depilarme un día. Tenía pelos por todo el cuerpo y cada vez que estiraba los brazos en tono de júbilo se observaba el Amazonas a cinco kilómetros a la redonda.
Sí, los pelos no eran buenos estéticamente. Pelos… Para proteger, sí. Los pelos no son bellos. ¿O sí? ¡Claro! Soy vello. Estoy lleno de pelos.
No me agradó demasiado descubrir el misterioso enigma, pero tomé la decisión de imitar a Karate Kid: usar la cera, en vez de para lavar el coche para mejorar mi imagen pública, que algo tendría.
Después de depilarme, algo muy doloroso que no os recomiendo a nadie y de lo cual me arrepentí rápidamente, me di cuenta de que tenía la sorprendente capacidad de borrar la memoria. De ahí mi pesadilla en la que no recordaba nada. Quizás mi deseo por acabar con la memoria de mi primo me ha impulsado a desarrollar esa habilidad. Los deseos también cuentan… Pero, si lo que más deseo en el mundo es acabar con este jaleo mental, ¿por qué no desaparecen mis superpoderes de una vez? ¿Por qué? Así podría tratar a la gente como gente sin pensar en nada más.
Llamé a mi primo y le dije que viniera urgentemente, que no tenía gracia lo que me había hecho de poner un gorro marinero y una pata de palo a mi consola para “piratearla” Pero que además, le invitaba a merendar y ya hablaríamos del tema.
En cinco minutos ya estaba sonando el timbre. Mi primo, tratándose de comida, no escatima en esfuerzos.
Le dije:
Lo siento, es por tu bien. Tengo que hacer esto
Acerqué lentamente mi brazo hacia él, y le toqué. Él sufrió un espasmo como los dos chicos anteriores.
Ya está, ya lo he hecho.
Jaja, ¿qué haces? ¿Te habías asustado? Es que lo he visto en Internet, cuando te tocan das un tembleque y parece que estás loco.
¿Quién soy? ¿Cómo te llamas?
Soy tu primo Tino hombre. ¿Qué te pasa, estás muy raro?
Su memoria estaba intacta. No entendía nada.
A, por cierto, has salido en los periódicos. No te preocupes, primito, que vas a poder contar personalmente cómo fue tu experiencia en el campo de fútbol. Te he organizado una entrevista que se emitirá a nivel internacional en radio y televisión. Increíble, ¿eh? Y la próxima vez que te aburras, búscate otra cosa mejor que hacer sin llamar tanto la atención, ¿vale?
Emmm… De acuerdo. Gracias, primo.
¿Qué iba a decir? Aunque por dentro estaba pensando: ¿Qué ha podido salir mal?

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