Una ventana al pasado
Miro por la ventana. Veo mi infancia, y todo lo que conlleva. Mejor dicho, conllevaba. Veo a un niño inocente, risueño, con ilusión por todo, muy torpe, sin responsabilidades... que se pasaba tardes viendo la tele sólo levántandose para hacer pis (el vaso de agua se lo traían sus papás), que se inventaba la tabla del 18 para multiplicar, que se aburría viendo los partidos de fútbol y sólo fue a ver una final porque después irían a la piscina si ganaba España... Un niño que cuando estaba en infantil jugaba a ver quién tenía más heridas en todo el cuerpo y rara vez perdía, un niño curioso, que no paraba de contar lo que aprendía a la gente, aunque siempre que iba a una excursión no recordaba nada de lo que había hecho (a veces no quería contarlo) Un niño que se tiraba tardes bailando con la música de Los Pitufos, o música clásica, que se inventaba canciones con el piano e improvisaba canciones sin sentido. A ese niño todo le parecía fantástico, excepto el no poderse comprar un juguete o que le regañen por perder su abrigo, chaqueta, o perderse él mismo en el colegio. Un niño muy tímido, eso sí, pero que se soltaba con sus parientes y amigos cercanos. Un niño despistado e introvertido,al que sus profesores le decían que volviera en sí de sus pensamientos y escuchara a la clase. Para el único día de su vida que le dejaron quedarse hasta la hora que quisiera, se quedó dormido a la una y media de la mañana. Jamás aprendió a hacer la voltereta, ni el pino. Pero no le importaba. Lo suyo era más lo intelectual, estudiar con reglas memotécnicas como safchem (sauces, álamos, fresnos, chopos, encinas y matorrales; ya no me acuerdo para que me aprendí eso pero...) por ejemplo.
Un niño al que su hermana disfrazaba de mujer (por suerte no se acordará de ello cuando sea adolescente), un niño que tuvo un hermano cuya llegada cambió un poco las cosas, un niño que no paraba de hacer preguntas, y que siempre se ponía la ropa al revés, si es que era capaz de ponérsela. Un niño que vio un programa del corazón "Aquí hay tomate" únicamente porque era el último programa, y que aún recuerda, pese a que se emitió en el 2008, que era el programa nº1234 (tampoco era muy difícil de recordar) el último.
Un niño que se sorprendía por todo, un niño que se reía por todo, y que también lloraba por todo. Quería ser presentador de televisión, vaya ideas que tenía ese niño.
Un niño al que todos los parques le parecían enormes, que se creía el rey del mundo por tirarse por un tobogán, y que de pronto un día lo verá todo tan pequeño. Al tocar el piano no llegaba a todas las teclas, por lo que no podía tocar canciones en muchas octavas diferentes. Tampoco comprendía ni era crítico con el mundo, smplemente miraba cómo utilizarlo para su diversión.
A veces me gustaría salir fuera de la ventana y volver a ser ese niño. Pero otras pienso que es mucho mejor quedarme aquí, con quince años, con mis vivencias, mis momentos buenos y malos, mis aventuras, y mis pocos pero bonitos recuerdos de la infancia. Pasé de la más absoluta ignorancia a la madurez, pero creo que ha merecido la pena. Ahora puedo expresar mucho mejor lo que siento, no llorando como cuando era bebé o pequeño. Ahora soy más realista. Ahora puedo cambiar el mundo.
También el yo de ahora tiene libertad para salir con sus amigos sin necesidad obligatoria de que los padres estén al lado (mayor independencia), tiene que cuidar a su hermano y a otros niños más pequeños (mayor responsabilidad), y propone ideas realistas que a veces se llevan a cabo. Me quedo dentro.
Capacidad de organizarme y organizar, de quererme y de querer, de criticarme y criticar (constructivamente)... Me quedo dentro.
En la ventana del baño está mi yo del futuro. Pero de eso ya os hablaré otro día.
Y vosotros, ¿salís afuera, u os quedáis?

Imagen: Teo, personaje de libros que leía cuando era pequeño.



Comentarios
No se pueden incorporar más comentarios a este blog.