Hormigas con espíritu de gigante.
Enterrada bajo tierra escucho el grito de lo que parece un alma condenada, castigada con la mano de los dioses, señalada. Parece que yerra derramada entre lágrimas de tinta y multitud de intimidantes patadas, atormentan y atropellan con furia, sin piedad alguna.
Ella se agacha y espera que la tormenta se pase, pero no es consciente de que se mueve en la misma dirección que ella. Se nota en su rostro despedazado como necesita volver a mirar la luz del sol, volver a sentir el calor de los rayos abrazando lo que queda de su piel desintegrada, poder descubrir esa calidez que el frío no es capaz de merecer.
Helada, esa es la palabra. Helada por una inconcebible ventisca llamada “palabras”, hundida por la sentencia mal interpretada de aquellos dioses que un día la juzgaron. Ella, ahora aprisionada; no reza, no anda, no come, no bebe, no llora, no ríe, no siente nada, solo es capaz de abrigar el dolor que la han dejado esos moratones que esconde bajo esa lluvia de malas noticias, sucias palabras que ensanchan sus ojeras, clavándola por día estaca en pecho. Grita, lo intenta, mas no puede porque su garganta está quemada, silenciada ante la mirada de aquellos que la pisotean durante su carrera hacia la honra.
Excavo como puedo entre esta tierra tan seca y dura, casi me quedo sin uñas, pero desde un agujero muy pequeño saco la cabeza y es cuando la veo, sentada en una piedra, agonizando como si sus días estuvieran acabando. Mi cuerpo debilitado intenta ir hacia ella, más me caigo en el tanteo y grito en susurros esperanzadores “corre”. Parece que no me oye.
“Y es que, cada hormiga tiene sus espíritu de gigante, aventurándose cada día en ese mundo de pies enormes, arriesgando la vida, resurgiendo de cada pisotón que sufren. Mas, ¿se detienen a pesar del golpe?”
“¿Para qué queremos ser gigantes cuando nosotras somos las únicas que sabemos que ser hormiga tiene más mérito? No queremos que nos lo den todo hecho.”
Creo recordar que esas fueron mis últimas palabras antes de cerrar los ojos eternamente, antes de que la imagen que observaba de una sombra que lloraba, se nublara. Y entonces, fue cuando la pude ver ponerse en pie, dar la vuelta, desenfundar la espada y encaminarse hacia la dirección correcta. Entonces fue cuando pudo disfrutar de la belleza de los rayos de sol y yo, simplemente, cerré los ojos y descansé en paz.




Comentarios
partysummer - hace más de 11 años
Hay cosas que sólo se pueden ver con lágrimas en los ojos. De todos modos las hormigas tienen una particularidad que no comparten con los seres humanos y es que trabajan en colectivo como un único cuerpo. Son grandes porque son muchas y trabajan juntas. Y tú, estás sóla o hay gente cerca que te apoya?
lissie - hace más de 11 años
Después de años y años sola, por fin te puedo decir que sí, que tengo alguien que me apoya :) Son pocas personas, se pueden contar con las manos de mis dedos, pero es lo único que necesito para ser feliz :)
flashali - hace más de 11 años
Es precioso :)
partysummer - hace más de 11 años
@lissie tus dedos tienen manos??? JAJAJAJA Bienvenida a la edad adulta, esa edad en la que te das cuenta de que la amistad es un regalo precioso, que sólo unas pocas personas son capaces de compartirlo, y empiezas a poner una A (en mayúsculas) para empezar la palabra Amigo y a veces, aunque la sangre sea distinta se puede denominar hermano. Y si se cuida un poco todo eso durará toda la vida. PD: Aunque en la adolescencia nos cueste mucho verlo, cuando te hagas un poco mayor podrás ver que los padres nunca nos dejan solos. (Bueno, en algunas ocasiones sí, pero esos no son padres...). Pero como todo, llega con el tiempo.
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