#Vidas que penden de un hilo
#Vidas que penden de un hilo
Llevamos meses contemplando la muerte y camino que están llevando a cabo miles de personas para encontrar un futuro mejor.

Recorren miles de kilómetros a pie o en condiciones infrahumanas con el sueño de la bella e intachable Europa, donde el cielo parece más azul y hay igualdad. Todos viven en paz y armonía sin quebraderos de cabeza.
Los que vivimos aquí sabemos que no es cierto, pero es verdad que nuestros problemas no son del todo moralmente comparables a los suyos. La mayoría son sirios, afganos, eritreos y pakistaníes. Que huyen de la guerra y un régimen que les oprime.
La guerra en Siria dura ya cuatro años y los países no se ponen de acuerdo en si deben o no derrocar la presidente del gobierno: Bashar al Assad. Miles de bombas caen, se encarecen los alimentos si es que estos existen, las personas mueren a cientos en todas partes...

Es un clima desgarrador, pero es ahora, y no antes, cuando la situación se ha hecho insostenible y se han visto obligados a emigrar. Porque, ¿adónde vas si te han robado todo tu hogar, tus pertenencias, tus familiares, tu vida? ¿Con qué dinero emprendes un viaje? ¿Dónde te alojas? ¿Y si no te aceptan en los países en los que pides asilo?
La mayoría de los refugiados son de clase media, personas con una profesión y educación comparable en cierta manera a la nuestra que lo único que desean es huir de un terreno de desolación y terror para ejercer de nuevo su profesión y que se les remunere su trabajo. Una vida digna, que es lo que merecemos todos. ¿No es cierto? ¿No tenemos todos el mismo derecho a tener cubiertas nuestras necesidades básicas y tener derecho a disfrutar de la vida?
No parece así cuando estas situaciones se producen. Yo he tenido la suerte de no haber sufrido una guerra, no así mis familiares tan cercanos como mis abuelos. Pero imagino que cuando estalla una guerra deseas por lo más sagrado que esta termine pronto y no sea demasiado sanguinaria. Resistes porque tienes esperanza. Pero cuando esta se pierde... Tienes dos opciones, buscar otra solución como emigrar y desconocer cuando podrás regresar o evadirte en el descanso eterno.
Ellos han preferido la opción de sobrevivir. Y desde Turquía han ido a Lesbos, después a Grecia, Croacia, Hungría y a Eslovenia y Alemania, países preferidos.
Pero la crueldad de los países no tiene límites, y quieren cerrar las fronteras a personas que solo buscan un refugio. 30 millones se gastó el gobierno de Hungría para cerrar sus fronteras, Eslovenia comienza a tener la misma dirección y así todos los países de la conocida como "Ruta de los Balcanes".

Entiendo que quieran mantener el orden, pero las formas son del todo incorrectas. Les dejaban alojarse en el frío suelo de la estación y les prohibían entrar en los trenes que les condujese a su destino, todos sus ahorros en un billete que tuvieron que tirar porque se les pasó el plazo.
Ahora quieren endurecer las medidas los países que se encuentran en la llamada "Ruta de los Balcanes" poniéndoles multas, endureciendo las penas de cárcel y castigando a los que tratan de ayudarlos. Una imagen maravillosa que enviar al exterior, seguramente ya habrán visto que en Europa no es oro todo lo que reluce.
Me horroriza ver como muchas personas tratan de comerciar con ellos como si fueran simples objetos que deben transportarse de un sitio a otro. Les hacen pagar cantidades millonarias para dejarles a su suerte en una barcaza de madera o en una balsa hinchable de plástico que utilizamos los países desarrollados para jugar en la piscinas para recorrer una distancia enorme. Así, abandonados a su suerte, porque, ¿qué otra opción les queda? Los chalecos salvavidas son inservibles y bajo el frío de la noche sin un abrigo se ve obligado a convivir hacinados. Mujeres embarazadas y niños son los que más padecen estas travesías.
Luego, si tienen la suerte de sobrevivir, algunos se vuelve locos al ver a los equipos de salvamento y rasgan las lanchas y saltan al agua para ser considerados en "estado de emergencia" y ser rescatados los primeros. Muchos fallecen y sus compañeros se ven obligados a tirar sus cadáveres por la borda. Pero en otras ocasiones se ven forzados a convivir con los cadáveres putrefactos de personas que han fallecido por inhalación de humo al verse obligados a viajar cerca del motor.
Y después, ¿qué? ¿En un campamento muertos de aburrimiento porque no les dejan acceder a la educación, sanidad y mucho menos al mercado laboral? Todos ponen el grito en el cielo de que la situación de su país es deplorable y no pueden venir a robar el empleo. ¿Dónde queda la compasión?
Quitarles la tarjeta sanitaria fue un error, por fin lo han reconocido desde el ministerio. Ahora en comunidades como la de Madrid, la presidenta Cifuentes ha anunciado que creará un documento que les permitirá utilizar la mayoría de servicios sanitarios y solo podrá ser utilizado en ese territorio.

Otros se ven obligados a viajar en camiones atestados sin la posibilidad de ver un mísero rayo de sol. Cuando se abren las puertas es difícil distinguir a los supervivientes entre tanto cuerpo inerte.
Pero otros se quedan a las puertas. Solo hay que echar un vistazo a las fronteras, donde los alojan en campos y les obligan a identificarse, a lo que muchos al principio se negaban porque creían que les dificultaría su camino a la "tierra prometida". Pero ahora acceden cansados y hambrientos.
Cuando los medios los entrevistan, dicen que no saben en qué país se encuentran, que les avisen si llega la policía y cuando están en los campos, que solo de vez en cuando les dan agua y un pedrusco de pan. Como si estuvieran en un cárcel encerrados por ser delincuentes. Indignante. Y enseguida aparece un policía que les impide seguir grabando, para que el mundo no conozca la terrible realidad.
Hay un niño que ha escrito un libro sobre su vida en el campo de refugiados. Él nació allí, y ver muertes, enfermedades y maltrato pertenecía a su vida diaria, ¿no es algo totalmente inadecuado para los ojos de un niño? El trato que reciben es degradante.
En verano, les dejaban que ocupasen plazas enormes donde por el día el sol era abrasador y provocaba quemaduras, y por la noche tiritaban en sus sacos. La policía se enfrentaba a ellos y les prohibía todo. Formaban un cordel y no dejaban que pasasen.
Ahora, en la misma situación, pero a temperaturas bajo cero. Soportando las inclemencias del tiempo y perdiendo y estropeando sus pertenencias por culpa de la lluvia.
Y como siempre, esta situación la padecen en peor grado las mujeres y niños. Muchos niños han quedado abandonados y son huérfanos, no saben cuál es su sitio ni qué deben hacer. Nadie se ocupa de ellos y por eso, muchas personas sin ningún pudor los engaña y abusa de ellos. Al igual que las mujeres.
El Estado Islámico dice que ha introducido a muchos de sus hombres en las filas. Y los obispos claman que se les vete el paso por ese motivo. El EI siempre cundiendo el pánico e incitando a la violencia y repulsión. Quién sabe si será cierto.
Ahora, muchos países europeos han tenido elecciones y en Polonia ha ganado un partido con un duro discurso sobre la inmigración, lo mismo que en Eslovenia. En Alemania cada vez más adeptos se apoyan en un partido radical diciendo que no lo son y solo protegen el futuro de sus hijos. En el estado de Colombia agredieron a una alcaldesa que defendía a los refugiado por grupos nazis y de ultraderecha.
A todos los extranjeros que ya residen en el país, tienen miedo de salir a la calle cuando estros grupos se reúnen por las agresiones y amenzan que sufren. Son los terribles lunes.
Por suerte en ayuntamientos como el de Madrid o Barcelona se despliegan pancartas en su apoyo y crean cuotas y fondos para ayudarles. Intentan coordinar su llegada con muchas familias madrileñas o barcelonesas dispuestas a ofrecer sus casas. En ese aspecto, no tengo queja.
Pero los gobiernos centrales de muchos países se niegan a tener una cuota obligatoria y les desprecia públicamente y contemplan impasibles como tantos pierden la vida en el intento. ¿Por qué nadie para esta catástrofe? No se veía un flujo migratorio así desde la Segunda Guerra Mundial. Demasiado inmovilismo y pasividad.
Esto demuestra la indigencia del ser humano, capaz de hacer actos grandiosos, prefiere escupir en la mano de quien sufre agarrado a una rama endeble de un precipio a tendérsela para que tenga una oportunidad de seguir viviendo dignamente.




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