La teoría del dragón dormido X.
Me levanto para comer y cuando me doy cuenta ya es la hora de cenar. Busco por mi casa y no veo a nadie. Cojo una sudadera y me voy a la calle. Me encanta el frío de diciembre. Me siento en mi portal y me enciendo un cigarro.
Han pasado tantas cosas aquí: risas, lágrimas, lesiones, canciones, madrugadas enteras hablando con mi hermano... Saco el móvil y veo que me ha hablado Noelia. "¿Qué tal estás, patito?". Aún recuerdo que la conocí por un grupo de Whatsapp y que desde entonces no podemos dejar de hablar. En cierto aspecto la chica me gusta, pero María no deja de recorrer mi cabeza una y otra vez. No quiero nada serio con nadie, aunque un pequeño lío tampoco me sentaría mal. El único problema: es de Canarias.
" Bien, ¿y tú, indígena?". Me encanta meterme con ella de esta forma, con la tontería nos pasamos noches enteras hablando, nos damos las buenas noches y los buenos días. No hay día que faltemos a nuestro trato. Ella estaría ahí y yo igual. Subo a mi casa y me doy cuenta de que mis padres acaban de llegar, pero están tan cansados que ni siquiera me saludan. Voy directa a mi cuarto, me quito los zapatos y marcho hacia la cocina, cojo la cena y vuelvo a éste. Ni siquiera enciendo la televisión: en una mano el tenedor y en la otra el móvil. Hasta ahora nunca había hablado tanto con una chica, y menos de esta manera.
Pasan los días y las horas me aplastan, los problemas me agobian, mis monstruos me abruman, las pesadillas me ahogan y mis pensamientos no ayudan. Uno de diciembre, dos, tres... Siete. Hoy cumplo quince años, pero sigo como el que ve pasar el tiempo. Todos me felicitan, parece que ellos están más felices por este acontecimiento estúpido que yo. Como todos los años mis padres invitan a mis hermanos a comer en casa y lo celebramos. Es lo único "interesante" que ha pasado hasta ahora.
Ocho, nueve, diez... Veintiuno. Después de unos meses hablando con Noelia me he pillado un poco por ella, pero es más fuerte lo que siento por María que por ella. Me pongo a pensar en María y de pronto se me va el alma a los pies... Desisto en mi intento de hacerme esperanzas y hablo a Noelia.



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