La teoría del dragón dormido XIV.
Me siento muy vacía, ahora sé que nunca lo volveré a ver, pero no por eso lo olvidaré. Tengo muy claro que estará siempre conmigo, a mi lado. Son las seis y media, salgo a la calle para dar una vuelta y me siento a fumar.
Me encuentro a María y a Lucía, una amiga suya, y se acercan a hablarme. Es impresionante, estoy tan rota que me da igual quién me hable. No soy capaz de mantenerme en pie. Me acompañan a mi portal y nos quedamos hablando un rato, ellas ríen y yo sólo pienso. Me llama mi madre y me subo a cenar.
- Vamos a ir al tanatorio. Cena rápido porque nos llevamos los dos coches, tú te vas con tu hermano -me comenta mi madre cogiendo las llaves del coche y saliendo por la puerta.
Cené muy poco y mi hermano y yo nos dirigimos al tanatorio. No tardamos mucho en llegar, nos bajamos y entramos rápidamente. Saludo a la familia de mi prima, a mis demás primos. No entro a verle porque me han dicho que me quede con la imagen que tengo de él... Pero después del hospital.
Diez y media. Llegan mis hermanos mayores con mi cuñada. En cuanto entran a verle, salen corriendo fuera del edificio... Salgo de éste y cojo el teléfono.
- Noelia, no aguanto más. Todos me miran mal porque no lloro... Me he pasado toda la tarde llorando... Joder...
Al otro lado sólo escucho unos pequeños sollozos intentando consolarme, pero es incapaz de ignorar los míos. No puedo más. Ildefonso, mi hermano, me coge en brazos y me saca de allí. Me mete en el coche, se lía un porro, me da un cigarro y nos vamos. Iremos a 150, entramos en Tres Cantos y nos vamos directos a la zona industrial. Ponemos la misma canción una y otra vez a todo volumen. Entre lágrimas y con la cabeza fuera cantamos a todo pulmón que mañana sale el sol, chipirón.
Cuando llegamos a casa me llega un mensaje: "Baja, estoy en tu puerta.". Era Brandon. Bajé corriendo y ahí estaba él. Me llevó a casa de un amigo, Olmo.
- Vamos, te vas a olvidar de todo por esta noche.
Entramos y es lo último que recuerdo... Me levanto apestando a alcohol y con resaca. Mi habitación apesta, pero en mi casa no hay nadie. Salgo a la terraza y ahí está María, sonriendo, riéndose, tan preciosa como siempre... Algo me empieza a saber mal y voy corriendo al baño...



Comentarios
No se pueden incorporar más comentarios a este blog.